Nos cuenta la mitología griega que Apolo, entregó su hijo Asclepio al centauro Quirón para su formación y que este le enseñó la medicina hasta tal punto que el joven adquirió una habilidad tan notable que se decía que podía resucitar a un difunto. Entre los numerosos hijos de Asclepio, dios de la Medicina, destacó Panacea, diosa de rango menor experta en toda clase de plantas que utilizaba para preparar los remedios que indicaba su padre. Su nombre llegó a ser tan popular que acabó convirtiéndose en epónimo, es decir, que pasó a ser nombre común, panacea, que designa un remedio que lo cura todo.
Me
pregunta Zalabardo que, si panacea es lo que lo soluciona todo, es
correcto el empleo de panacea universal. Le tengo que responder
que sí y que no. Y es que, en nuestra lengua, en el tomo V del Diccionario
de Autoridades (1737) ya se dice que panacea es el
‘nombre que dan los boticarios a algunas medicinas […] por ser eficaces para
varias enfermedades’, definición que, actualizada en su redacción, sigue
manteniendo el diccionario de la Academia como primer significado,
aunque añade como segundo ‘remedio o solución para cualquier mal’. Esto sería
propiamente lo que se llama panacea universal.
Le digo a mi amigo que su pregunta nos lleva a pensar en el principio de economía lingüística y en lo que llamamos redundancia y pleonasmo, es decir, eso tan socorrido de entra dentro, sube arriba, etc., que suelen tildarse como vicios o incorrecciones lingüísticas. La economía en el lenguaje se entiende como el hecho de decir lo que se pretende con el número de palabras indispensable para que se entienda. La redundancia, así la define Georges Mounin, se produce cuando «un mensaje no se reduce al mínimo exigido por este principio de economía». Y el pleonasmo se produce «cuando en un enunciado se repite un significado (lo que se quiere decir) con un significante (una palabra) diferente».
Lo
que sucede, según sostiene Fundéu (Fundación del Español Urgente)
recogiendo la doctrina de la RAE, es, en primer lugar, que pleonasmo
y redundancia son en muchos casos términos coincidentes puesto
que los dos implican el uso de palabras innecesarias para que el sentido sea
completo. Y, en segundo lugar, que pleonasmo se entiende más como
término técnico, retórico, y redundancia se aplica más al
lenguaje común.
En
la exposición que hace Fundéu, y dado que todos los casos que citemos
serán redundantes, añade que el hecho de que una redundancia sea considerada
incorrección viene determinado en muchos casos por el contexto. En el caso que
me ponía Zalabardo, aunque panacea universal sea una expresión
redundante, ya que etimológicamente panacea engloba el
significado de remedio y el de universal, no podrá ser considerada
incorrección, porque hay dos tipos de panacea.
¿Y
qué sucede con subir arriba? Aunque en principio se acepte que el adverbio es innecesario, puesto que subir significa ‘moverse
hacia arriba’, si hablamos de una construcción con varios niveles, decir sube
arriba significa ‘subir a lo más alto’, con lo que de ningún modo será redundancia,
lo mismo que entrar dentro puede significar ‘hasta el
fondo’. Si miramos hacia bajar abajo, nos encontramos otra pega.
¿Por qué se considera incorrección y nadie dice nada de bajar al sótano,
cuando un sótano siempre está abajo.
Cuando
con la repetición buscamos dar mayor énfasis a la frase o incluso añadir un
matiz estilístico, en ningún caso podemos hablar de vicio o incorrección. Le
pongo a mi amigo ejemplos tomados de los orígenes de nuestra literatura. El
primer verso del Cantar de Mío Cid dice «De los sos ojos tan
fuertemientre llorando»; indudablemente hay algunas palabras que podrían sobrar
(por ejemplo, sos y ojos), pero la emotividad que
esa repetición aporta a lo que se cuenta impide que hablemos de redundancia
y menos aún de incorrección. Igual pasa con el énfasis que se pone en frases
del tipo ¿Eso me lo vas a decir a mí? Casos en los que la
redundancia puede no considerarse error hay muchos. Por ejemplo, aunque cita
supone ‘asignar lugar y hora para verse dos o más personas’, el empleo de
medios como el teléfono o internet para concertarla ha consolidado la validez
de cita previa. Si recaer, rehacer, repetir,
etc., son verbos que suponen ya una repetición, no debieran aceptarse formas
como volver a recaer, volver a rehacer o volver
a repetir. Pero cabe la posibilidad de que una persona enferma recaiga
y, tras reponerse, al cabo de cierto tiempo recaiga de nuevo, es
decir, vuelva a recaer.
En cambio, le digo a Zalabardo, lo que debemos evitar son aquellas redundancias que, aparte de no aportar nada al mensaje, son absolutamente innecesarias. Por ejemplo, si cometemos una infracción de tráfico, nos pueden imponer una multa. Pero, dado que la palabra significa ‘sanción administrativa o penal que consiste en la obligación de pagar una cantidad de dinero’, resulta del todo erróneo hablar de una fuerte multa económica. Cualquier otra cosa que nos acarree una infracción será sanción, como, por ejemplo, la retirada de puntos. O, siguiendo con el tráfico, cuando tras un atasco la circulación recobra la normalidad, diremos que se ha reanudado, pero no que se ha vuelto a reanudar. Si erario es ‘el conjunto de bienes de un Estado, municipio o provincia’, sobra decir que un gasto se ha cargado al erario público. Si opción es ‘cada una de las cosas entre las que se puede elegir’, carece de sentido hablar de opción alternativa. Y si abarrotar significa ‘llenar por completo un espacio’, ¿por qué decir que una plaza estaba completamente abarrotada? Por fin, le doy a mi amigo el ejemplo de un titular que leía hace unos días: Italia se queda fuera del Mundial por tercera vez seguida consecutiva, ya que seguida y consecutiva significan exactamente lo mismo.




















