sábado, julio 12, 2014

AL FREÍR SERÁ EL REÍR



            En cuestión de refranes, proverbios y dichos, le comento a Zalabardo, noto con pesar dos hechos: uno, que la gente hace un menor uso de ellos, lo que, a mi humilde interés, resta expresividad a nuestras palabras; dos, que hay menos especialistas, paremiólogos, que se ocupen de su estudio. Siempre acudimos a casi las mismas fuentes: Gonzalo de Correas, José Mª Sbarbi, Francisco Rodríguez Marín, José Mª Iribarren… Se diría que ellos lo saben todo en este campo, aunque para refranes, procuro no olvidarme de Covarrubias ni, cómo no, de La Celestina o el Quijote. En cualquier caso, fuentes clásicas todas ellas.
            Discutíamos (es un decir) sobre el origen de la locución al freír será el reír. No es que sea de uso muy frecuente en nuestros días (pocos refranes y locuciones lo son ya), pero tampoco es una antigualla. Sin embargo, el DRAE no la recoge, y nos extrañó. Sí aparece, en cambio, al freír los huevos, que, dice, ‘sirve para expresar el tiempo en que se verá si algo ha de tener efecto’. ¿Hay relación entre una y otra? En fin, que nos fuimos a los Refranes, adagios, proverbios… (1922), del gaditano  José Mª Sbarbi y leímos:
            Cuéntase que en tiempo del rey Felipe iv había en la Corte un calderero que  tenía la fama de ser un tuno redomado.
            Un pillo que esto supo, se propuso engañarlo y  reírse a su costa.
            Se fue a la tienda y pidió a este una sartén, diole el calderero una que estaba rota por abajo; este no lo notó, pero le dio en pago una moneda falsa que el sartenero  guardó sin mirar; pero viendo que el comprador se estaba riendo, le dijo: Al freír será el reír.
            A lo cual contestó el contrario: Al contar será el llorar. Y de aquí tomó origen dicha frase.
            Todo parece muy bien, solo que Felipe iv (¡ojo, con el palito delante; el del palito detrás es el de ahora!) reinó en España entre los años 1620 y 1665. “¿Y qué quiere decir eso?”, me pregunta Zalabardo. Simplemente, que el Quijote, su primera parte, es de 1605 y La Celestina, de 1499. Sancho (parte i, cap. 37) dice a su señor, tratando de demostrar que no está equivocado.
            …porque los cueros allí están heridos, a la cabecera del lecho de vuestra merced, y el vino tinto tiene hecho un lago en el aposento, y si no, al freír de los huevos se verá.
            Y la alcahueta Celestina (acto i), grita a Sempronio:
            ¡Los huesos que yo roí piensa este necio de tu amo de darme a tomar! Pues ál lo sueño; al freír se verá.
            No parecen demostrar estos ejemplos la relación entre ambas expresiones. Sí es claro que han de ser más antiguas que la que comenta Sbarbi. Pero los comentaristas de las obras citadas coinciden en afirmar que derivan de un cuento tradicional popular anterior, sin aportar nada más. Sí nos ayuda Covarrubias que, en su Tesoro, (1616) tras explicar que al freír los huevos lo veréis ‘se emplea para burlarse de alguno, cuando con descuido, pregunte lo que prestó, en ocasión vera, echando de menos lo que le falte’ ilustra su interpretación con esta anécdota:
            Un ladrón entró en una casa, no halló qué  hurtar más a mano que una sartén; y cuando salió, preguntóle el ama: “¿Qué lleváis ahí, hermano?” El otro respondió: “Al freír los huevos lo veréis”.
            ¿Es ese el eslabón perdido entre al freír será el reír y al freír de los huevos? El cuento es similar. Y es que, como es normal en la literatura de transmisión oral, los relatos van experimentando cambios y transformaciones sin cesar, aunque perdure un fondo común. La prueba es que, buscando, nos topamos con una obra de 1547 (anterior al Quijote, aunque posterior a La Celestina) escrita por Melchor de Santa Cruz titulada Floresta española de apotegmas, o sentencias, sabia y graciosamente dichos, de algunos españoles. En ella (parte cuarta, cap. v, De hurtos), aparece este cuentecito:
            Vendió un carbonero una sera de carbón a una mujer, y tomó una sartén, que estaba a mal recaudo, y echola en la sera vacía. Preguntándole la mujer si era de encina el carbón, y si era bueno, respondió: Al freír lo veréis.
            Le digo a Zalabardo que la conclusión a la que quiero llegar no es que Sbarbi esté equivocado (Dios me libre de mantener tal cosa), sino que lo que el gaditano recoge es una versión evolucionada de un cuentecito cuyos orígenes se remontan hasta no sabemos cuándo y que es la base de un refrán que, en este discurrir de los años, también ha ido cambiando, no ya en su forma, sino incluso en su sentido, puesto que el Refranero multilingüe del Centro Virtual Cervantes dice que ‘señala que las cosas tienen su precio y  sus consecuencias, por lo que se debe obrar con sensatez y tino. Se aplica para recriminar tanto a quienes gastan con exceso como a quienes dan por seguro algo ilusorio o a quienes obran sin previsión’. No estoy muy seguro de que los tiros vayan por ahí. Creo más bien que, en conexión con el cuento, en cualquiera de sus versiones, no es sino un aviso contra tanta pillería y truhanería como hay. El regador regado, el timador timado o el engañador engañado tienen hoy tanta vigencia como hace siglos. ¿En unos lugares más que en otros? Bueno, eso ya es cuestión diferente.

sábado, julio 05, 2014

DEL MONTE SALE…



Panorama desde el campo de fútbol de Cómpeta

            Hace unos dos años comencé a escribir un apunte para esta Agenda que, finalmente, no concluí y no publiqué. Por aquellos días, un voraz incendio se había ensañado con el Barranco Blanco, la Sierra Negra, la Sierra Alpujata, el Juanar… Llevaba tiempo sin caminar por aquellos senderos, y, teniendo presente lo que el monte tarda en regenerarse tras un incendio, manifestaba a Zalabardo mis dudas acerca de si, teniendo en cuenta mi edad, podría volver a ver aquellos parajes tal como los recordaba.
            Ahora, el domingo pasado, un nuevo incendio, esta vez en Cómpeta, se ceba con montes de gran belleza. Por ellos he caminado no hace tanto, este mismo año, y ver las fotos del suceso aumenta mi malestar. Por ahí, entre Canillas de Albaida y Cómpeta, discurre un de las etapas de la Gran Senda de Málaga, sendero de largo recorrido del que ya he hablado. Las llamas han alcanzado las orillas mismas del pueblo, pues han llegado a la zona del campo de fútbol y algunas urbanizaciones de las afueras. En el bello mirador que hay en el exterior del campo de fútbol, estuve un rato descansando y comiéndome un bocadillo tras una mañana de caminata. Si vuelvo a transitar por allí lo haré entre troncos calcinados por las llamas. Creo que evitaré la zona.
            El domingo, iba en dirección a La Caleta de Vélez, divisé a eso de la una del mediodía una extraña humareda en el monte, por encima de Algarrobo o de Sayalonga; un escalofrío re recorrió la espalda. Me temí lo peor. A la vuelta, sobre las tres, la humareda era impresionante y ya la sospecha se convirtió en triste realidad. Era el incendio del que hablo. Al llegar a casa, la edición digital del diario SUR me lo confirmó.
            Indudablemente, una gran pena y una gran pérdida. Y surge la duda: ¿por qué se quema el monte? Por muchas causas, no todas accidentales. Incluso me atrevería a decir que estas son las menos. Dicen que el refranero es una forma de explicar los acontecimientos reales. En el Diálogo de la Lengua, de Juan de Valdés, ya se recoge este: Del monte sale quien el monte quema. Leo que Gonzalo de Correas, en su Vocabulario de refranes, también lo recoge e incluso una variante: Del monte sale con que arde. La verdad es que no encuentro ninguno de los dos. José María Sbarbi dice que el refrán aludido avisa que los daños que se experimentan suelen por lo general, provenir de domésticos y parciales. O sea, que quien quema el monte no está en su casa sentado cómodamente en un sillón, sino en el propio monte.

Incendio Cómpeta. 29 de junio 2014 (diario SUR)
            No sé si este incendio ha sido intencionado, causado por una negligencia o falta de responsabilidad o puramente accidental. Las primeras conclusiones hacen sospechar que no ha sido fortuito. Da igual, el daño está hecho. Oigo quejas de personas que se consideran defensoras de la naturaleza que culpan a la administración por conceder licencias de construcción en zonas de especial riesgo. No creo que esa sea la causa básica de estos incendios, aunque quienes moran en estos lugares paradisiacos debieran ser más conscientes de la responsabilidad que le incumbe en la tarea de salvaguardar el monte. Ya digo que hay otras causas y otros culpables de esta gran pérdida para todos.
            Porque es incuestionable que, aparte de cualquier otra consideración, el monte es de todos por los beneficios (para la economía, la salud, el ocio…) que reporta. Aquí mismo, en Málaga, ¿qué sería de la ciudad sin ese pulmón que constituye el Parque Natural de los Montes de Málaga?
            Tampoco merece discusión que quien quema el monte sale del mismo monte. Lo afirma el refrán. Luego también merecemos un toque de atención los que al monte vamos. Bien sabe Zalabardo que cuando salgo a gozar de mi afición al senderismo, siempre llevo bocadillos, para no tener que hacer fuego en ningún lado ni en ninguna época; ni siquiera en aquellos habilitados a tal fin, porque el accidente siempre es posible. Y, por supuesto, regreso a casa sin dejar nada abandonado, que ensucie o degrade el lugar por donde paso.
            Pero hay muchos que carecen de la menor conciencia ecologista, como carecen de conciencia cívica, y allá por donde van parecen empeñados en dejar su huella (escriben con pulverizador en las paredes de una bella garganta, graban sus nombres en las cortezas de los árboles, tiran por doquier cualquier cosa —papeles, bolsas de plástico, latas, envases de vidrio, los potencialmente más peligrosos—). Por donde uno vaya, aún en las más apartadas breñas del monte, no es raro encontrar basura de todo tipo. ¿Tanto cuesta echar en la mochila los restos para depositarlos en los pertinentes contenedores a la vuelta? En el caso de restos orgánicos, basta con enterrarlos. Terminan siendo abono.
Incendio Cómpeta. 29 junio 2014 (diario SUR)
            A todo esto no debe olvidarse la responsabilidad de las autoridades en la prevención de incendios: creación de cortafuegos eficaces, limpieza periódica de los montes para la eliminación de la broza de fácil combustión, supresión de árboles muertos y “entresaca” en los bosques (ignoro ahora mismo qué otro nombre tiene esta actividad si es que lo tiene). Hace unos días estuve caminando por la vertiente sur de Sierra Nevada, que es Parque Nacional y, por tanto, zona de especial protección. En el sendero que va la Hoya del Portillo al Mirador de Trevélez nos encontramos multitud de desechos. Lo comenté con el guarda de la barrera que impide el paso de vehículos por la carretera que cruza la sierra y, con gesto de impotencia, me señaló los contenedores de basura del área recreativa que hay junto a la barrera. Estaban a rebosar. Se  lamentaba del tiempo que llevaban sin pasar por allí los servicios de mantenimiento. Razón, reducción de personal (¿por qué la crisis la han de pagar la enseñanza, la sanidad, el medio ambiente… y nadie busca otras partidas que recortar, por ejemplo sueldos y dietas de políticos o supresión de asesores y cargos inútiles?)
            Claro que de nada vale exigir a las autoridades si luego vamos nosotros y deshacemos todo lo hecho (no utilizamos las papeleras de las áreas recreativas, no apagamos bien los fuegos en las barbacoas de estos mismos lugares, encendemos fogatas en lugares indebidos, arrojamos cuanto nos sobra en los caminos y entre las arboledas…). Cualquier aficionado al senderismo sabe que es verdad lo que digo.
            Que no me vengan ahora con que eso es cuestión de educación y con que los colegios deben ocuparse de crear la necesaria conciencia. Hay actitudes y conductas que deben aprenderse en el seno de la familia. Si un niño ve a sus padres arrojar al suelo un paquete de tabaco vacío o un papel, si estos no afean a sus hijos que arrojen chicles o papeles al suelo, ningún colegio lo conseguirá. La educación, el civismo, la urbanidad comienzan a aprenderse en casa. Ya va siendo hora de que la sociedad se dé cuenta de que un colegio nunca puede suplir la responsabilidad familiar. A ver si ahora va a suceder que los montes se queman por culpa de los colegios.

domingo, junio 29, 2014

GRAMÁTICAS Y REINOS (SOBRE RÉGIMEN GRAMATICAL)



            La palabra régimen es polisémica; es decir, expresa diferentes significados. Escojo solo dos: por un lado, designa el ‘sistema político por el cual es regido un estado’. Esto lo entendemos todos y, los mayores, tenemos triste experiencia de lo que suponía ser o no afecto al régimen en tiempos de Franco. Por otro, señala la ‘circunstancia de “regir” determinadas palabras tal caso o tal preposición’, es decir, que el complemento directo de persona se construye con la preposición a (he visto a Luisa) o que el verbo incautarse, pronominal, exige un complemento introducido por de (la policía se incautó de un arsenal). Es, pues, un concepto puramente gramatical.
            El pasado domingo, en el diario El País, Vicente Molina Foix publicó un artículo, Gramática del reino en el que tocaba los dos aspectos pues denunciaba una, a su entender, anomalía gramatical en el discurso de abdicación de Juan Carlos i  y de ahí saltaba a unas consideraciones más o menos veladas sobre república o monarquía. Puesto que las opiniones son todas legítimas en tanto no se ofenda a nadie, sobre la última cuestión no tengo nada que decir, aunque recomendaría a su autor que leyera Ecuanimidad e histerismo, de Javier Marías, publicado ese mismo día en EPS. Puede que encuentre motivos para reflexionar.
            Pero lo que no puede dejarme indiferente son los errores de bulto en los que incurre Vicente Molina Foix tratando del régimen gramatical. Culpa a Juan Carlos i, o a sus asesores, de haber cometido una tropelía gramatical al utilizar la construcción abdicar la Corona de España. ¿Existe tal anomalía? Rotundamente no, e intentaré demostrarlo. Tampoco me agradó que Molina Foix lanzara, sin sentido ni razón, un dardo malicioso a Eduardo Mendoza (que en una de sus novelas emplea la misma construcción) al afirmar que “una parte de su hechizo [el de Mendoza] radica en su libertad de costumbres, expresivas quiero decir”. Una opinión, se me dirá, y, por tanto, absolutamente respetable. Como si yo dijera, refiriéndome a Vicente Molina Foix tras leer su artículo, que se puede ser buen escritor y no conocer la gramática. Lo que no se le concederá es, por ser escritor, que pretenda sentar cátedra en cuestiones en las que da muestras de una supina ignorancia.
            Vamos con el dichoso giro. Para empezar, ¿es abdicar verbo transitivo o intransitivo? Si lo primero, debe llevar un complemento directo que, contra lo que mantiene Molina Foix solo llevará preposición a si se refiere a persona. Procuraré ser lo más breve posible. Pues aunque abdicar signifique ‘renunciar a’ el régimen de ambos verbos es diferente (renuncio a la corona pero abdico la corona). El DRAE solo reconoce verbos transitivos, intransitivos y pronominales e incluye abdicar en el primer grupo, lo que corrobora lo dicho antes.

           Pero hace mucho que mantengo, quienes me conocen lo saben, que el diccionario académico necesita una buena revisión. Por eso nunca me quedo solamente en él. Personalmente, siempre he preferido el de María Moliner. Tanto ella como Manuel Seco, la única autoridad aportada por Molina Foix, aceptan, sin embargo, que es un verbo que puede tener uso transitivo, intransitivo o absoluto, concepto que, aunque ya utilizaba el mismo Nebrija, el diccionario académico no recoge. Y, frente al DRAE, aportan ejemplos: Abdicó el reino [el trono, la corona] en su hijo / No puede abdicar [de] los ideales de toda su vida” / En el mes de enero siguiente [Carlos i] abdica los reinos de España y Nápoles, también a favor de su hijo / Vivir sin limitaciones sociales, sin abdicar la altivez ni prostituir la obra… / Agradar al vulgo es rendirse a un gusto dañoso, es abdicar de la propia superioridad de hombre culto”.
            ¿Qué quiere decir que un verbo se utiliza en forma absoluta? La Nueva Gramática de la Lengua Española dice: “Se denomina tradicionalmente uso absoluto de un verbo transitivo a su empleo en oraciones en las que el complemento directo queda sobrentendido sin que se obtenga necesariamente del contexto sintáctico precedente la información que se omite. Es lo que sucede, en efecto, en la secuencia los leopardos cazan de noche. El considerar transitivo este uso del verbo cazar equivale a decir que en el ejemplo propuesto se habla de cazar algo […] Algunos gramáticos asimilan plenamente los usos que se acaban de mencionar a los intransitivos” (pág. 2612).
            Conclusiones previas. Según todo lo anterior, parece claro que abdicar es un verbo de uso absoluto (un rey abdica [su reinado]) que admite las siguientes construcciones: intransitivo (Juan Carlos ha abdicado), transitivo con complemento directo (abdicar la corona), o absoluto/intransitivo con un complemento de régimen (abdicar en su hijo).  Las dos últimas opciones pueden darse simultáneamente (abdicar la corona en su hijo). Lo que no cabe es decir que el complemento directo tiene que llevar preposición a; eso solo es así si dicho complemento fuese de persona. Porque, en su uso más común, lo que abdicar pide es un complemento de régimen con en u otros giros preposicionales (abdicar en su hijo) como veremos seguidamente.
            Vamos a ejemplos reales de usos en nuestra lengua. Los extraigo del CORDE (Corpus Diacrónico del Español), base de datos que recoge documentos escritos hasta 1975, y del CREA (Corpus de Referencia del Español Actual), que recoge documentos desde 1975 hasta 2004, ambos accesibles desde la página web de la RAE. En el CORDE encuentro 158 casos de usos de abdicar que se distribuyen así:
abdicar [algo] (con empleo expreso de cd): 63 casos. Hay un caso curioso (siento ahora no haber anotado su fecha) con cd de persona: abdicar a una señora (¡ojo, no es abdicar en sino renunciar a ella!)
abdicar de (con compl. de régimen): 33 casos.
abdicar en / a / a favor de (con compl. de régimen): 14 casos.
abdicar (uso absoluto o intransitivo): 48 casos.
            En el CREA hallo 127 casos, distribuidos así:
abdicar [algo] (con empleo expreso de cd): 8 casos. Hay uno muy curioso, que dice: Ramón Mendoza no está dispuesto a abdicar su trono a favor de Lorenzo Sanz.
abdicar de / a (con compl. de régimen): 62 casos.
abdicar a favor de / en (con compl. de régimen): 5 casos.
abdicar (uso absoluto o  intransitivo): 52 casos.

           Salvo mejor interpretación que la mía, estos datos nos revelan: que el uso transitivo puro (con cd sin preposición o a si se trata de persona) era más frecuente en tiempos pasados e incluso predominante (63 casos en el CORDE frente a 8 en el CREA). Que el uso abdicar de [renunciar al cargo] va avanzando con el tiempo (33 casos frente a 62). Y que el uso absoluto o intransitivo siempre ha tenido bastante predicamento (48  casos frente a 52).
            Conclusiones finales. Primera: don Juan Carlos i no incurrió en ningún error gramatical (lo que no afecta a que nos guste más la monarquía o la república); si acaso, eligió una construcción que está retroceso. Cosa lógica en los que somos mayores. Segunda: a Vicente Molina Foix no le vendría mal releer despacio (para interpretar de modo acertado) lo que Seco dice de abdicar e incluso dedicar algo de su tiempo a revisar sus conocimientos gramaticales. Y tercera: Mendoza puede ser todo lo liberal (expresivo) que Molina Foix crea; pero en la frase por él aportada (el ejemplo que recoge Seco) se muestra absolutamente claro, conciso y correcto. ¡Ya quisieran otros!