Así comienza La colmena, de Camilo José Cela; con uno de los personajes, doña Rosa, la dueña del café, diciendo: "No perdamos la perspectiva, yo ya estoy harta de decirlo, es lo único importante". Yo no sé si realmente es lo único importante, pero coincido con doña Rosa, a quien también le gustaba decir "leñe" y "nos ha merengao", en que no debemos perder la perspectiva.
Lo digo porque, al fin, en la Deutsche Oper de Berlín se ha representado la ópera de Mozart Idomeneo, que ya había sido suspendida hace tres meses porque la policía argumentaba no disponer de dinero ni de personal para proteger la vida de los asistentes frente a las posibles reacciones de los fundamentalistas islámicos. Todo porque en dicha obra, el protagonista aparece con las cabezas cortadas de Jesucristo, Buda, Mahoma y Poseidón. Por cuestiones más o menos parecidas siempre han protestado los fundamentalistas, no ya islámicos, sino de todas las religiones.
Zalabardo me pone la mano en el hombro y de dice que nosotros también tenemos nuestro Idomeneo particular y bien cerquita, en nuestro propio ámbito de trabajo. Tengo que reconocer que lleva razón, porque ya esta mañana, en el instituto hablábamos de eso. Hace no muchos días, creo que en Zaragoza, ignoro si la capital o la provincia, un centro escolar decidió suspender las festividades navideñas por si pudieran ofender a los alumnos de otras confesiones religiosas. Y hace aún menos tiempo, más cerca, en Mijas, la directora de un instituto de secundaria ha retirado, por cuestiones parecidas, un belén (yo siempre lo he llamado nacimiento). Creo que es algo así, pero no pongo la mano en el fuego, porque Pedro Rodado, por ejemplo, decía que el problema es de la prensa que no solo no sabe informar sino que, cuando lo hace, lo hace mal y de forma sesgada. Le pregunto a Zalabardo y me responde que él, como yo, sabe solo lo que pone la prensa.
Cuando estamos hablando de esto, me surgen tres preocupaciones; las tres de la misma índole, hasta el punto de que pudieran ser solo una, aunque yo las cuente como tres. La primera:¿Se habrá sentido ofendido alguien por el nacimiento que ha colocado una compañera (no digo que ha sido Maite para que nadie tome represalias contra ella) en la Sala de Profesores? Menos mal que nuestra Junta Directiva ha sido sensata y lo ha respetado. La segunda: ¿Debería decir, sin miedo a que algún desaprensivo aproveche la ocasión y atente en su contra, que desde hace años en lo alto del pico La Reina hay de forma permanente un nacimiento? Y tercera: ¿Debo seguir adelante en mi idea de enviar un cristma electrónico (aquí, escribir crisma exigiría una explicación) a todos mis contactos de internet o con alguno de ellos obtendré un efecto que no es el que busco?
Zalabardo dice que lo que pasa es que vivimos excesivamente estresados. Yo no sé si, como le preocupaba a doña Rosa, tal vez lo que ocurra es que con demasiada frecuencia perdemos la perspectiva.