sábado, febrero 21, 2026

EL SUECO, EL ZUECO, EL ZOCATO Y EL ZOQUETE

Se me presenta hoy Zalabardo con una noticia que, dice, lo ha sorprendido. El embajador de Suecia Per-Arne Hjelmborn ―afirma que le han contado― ha solicitado a la RAE y a la Fundación Fundéu que se suprima la expresión hacerse el sueco, porque expresa un juicio negativo hacia su país. O que, caso de que se mantenga, se aplique con un sentido positivo, ya que los suecos son un pueblo trabajador, atento y cuidadoso del medio ambiente. A este buen hombre le extraña que en nuestro diccionario se recoja el modismo con el significado de ‘desentenderse de algo, fingir que no se entiende’, lo que lleva a pensar que los suecos son personas que tratan de eludir sus responsabilidades y compromisos.

            Le contesto a Zalabardo que la presentación de esa propuesta ―más que queja― es real, aunque ya hace casi un año desde que la hizo pública. Y también le aclaro a mi amigo que tal vez lo que el embajador sueco no sepa es que son muchas las pruebas de que dicha locución no tiene nada que ver con el pueblo nórdico.

            El equívoco nace cuando el gaditano José María Sbarbi y Osuna, en su libro Refranes, adagios, proverbios, modismos, locuciones y frases populares, de 1872, recoge hacerse el sueco, y explica que tal significado se debe «a ser el disimulo y la envidia cualidades características de la clase del pueblo de Suecia, según informes de los viajeros más autorizados y fidedignos». Su argumento carece de base, porque Sbarbi no tuvo ocasión de comprobar tal afirmación y habla de oídas, haciéndose eco de un rumor, un prejuicio, actitud que, aunque frecuente, es poco recomendable. Pero ya sabemos que los prejuicios y los rumores son los únicos elementos con los que algunas personas montan sus opiniones infundadas. No ya en tiempos de Sbarbi; también hoy.

            En este tema de frases coloquiales y modismos se suele acudir hoy a El porqué de los dichos, un muy documentado libro de José María Iribarren. En la página 98 se lee «No nos convence esa explicación ―la de Sbarbi―, porque, aunque fuese cierto que los suecos sean disimulados y envidiosos […] la frase alude a alzarse de hombros, a no darse por enterado». Se rechaza así la teoría, pero se deja en el aire la duda sobre la forma de ser de los suecos.


           Pero no es esta la única interpretación que hay que negar sobre esta locución. Implicando también a Suecia, hay quienes afirman que el origen de la expresión debemos hallarlo en la Guerra de los treinta años (1618-1648), conflicto político-religioso, cuando los marineros suecos, al ser hechos prisioneros, fingían desconocer la lengua de sus captores para evitar declarar.

            Y tampoco faltan filólogos que se adscriben a defender sueco como gentilicio, aunque rechazan que se refiera a los habitantes de Suecia, haciendo creer que hace alusión a los campesinos del valenciano pueblo Sueca. Alberto Buitrago, por ejemplo, apunta que los suecos de Sueca, cultivadores de arroz, eran gente ignorante y considerados como paletos, pero que, cuando acudían a la ciudad a vender sus productos, fingían no entender nada y así procurar sacar el máximo provecho en los negocios. La dificultad de esto está en que el gentilicio de Sueca, en valenciano, es suecà, y en castellano, secuense, siendo sueco una forma muy poco utilizada.

            Iribarren niega todos estos orígenes, por mucho que haya gente que los crea, y le atribuye al dicho un origen latino, que es lo que parece más lógico. Aunque la locución parece no remontarse más allá del siglo XVI, según él, sueco no es ningún gentilicio, sino un sustantivo procedente de soccus, que es un tipo de calzado humilde y, en especial, el que usaban los actores cómicos, en oposición al coturno que realzaba la figura del actor trágico. El cómico era un personaje tosco, dotado de poca inteligencia, incapaz de comprender muchas cosas.

            No hay más que aplicar las leyes de evolución fonética para ver que soccus pasó a ser en castellano sueco. El italiano Lorenzo Franciosini, primer traductor del Quijote al italiano y autor de un Vocabolario español-italiano, en 1620, dice de sueco, o çueco, que es una pianella di legno con guiggia de cuoio, es decir ‘un zapato de madera con correas de cuero’. Y lo que designaba un tipo de calzado pasó a designar no solo al actor que lo llevaba sino a cualquier persona torpe. Y, finalmente, sirvió para señalar a quien fingía no entender una situación para quedarse al margen. Quien pretendía eludir obligaciones, responsabilidades, compromisos, imitaba a aquellos comediantes, es decir, se hacía pasar por tonto, o sea, se hacía el sueco.

            Donde ya creo que yerra Iribarren, le digo a Zalabardo, es en atribuir otros derivados al soccus latino, pues afirma que de esa misma palabra proceden zueco, el ‘calzado de madera’, zocato, ‘zurdo’, y zoquete, ‘torpe, inútil’. Pudiera ser que la afirmación valga para zueco, según hemos visto, pero no para las otras.  Joan Corominas, en su Diccionario etimológico lo explica bien. En árabe existía una palabra suqât, que significaba, ‘pedazo de madera o de pan que queda sobrante’. Este desecho de la madera es el zoquete, que por ser algo inútil, pasó a designar también a la ‘persona torpe’. Y la idea de torpeza sirvió para referirse, con la palabra zocato, a quien era torpe en el uso de la mano derecha.

            O sea, que el señor Hjelmborn puede estar tranquilo, pues nadie se refiere a sus paisanos cuando habla de hacerse el sueco. Y a mi amigo le digo que quizá otro día hablemos de locuciones que, estas tal vez sí, expresan una visión peyorativa, como pasa en trabajar como un negro, engañar a alguien como a un chino y otras semejantes.

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