domingo, mayo 03, 2015

CONFUNDIR EL CULO CON LAS TÉMPORAS


Hueso temporal izquierdo

            Los diarios digitales ofrecen a los lectores la posibilidad de expresar sus opiniones acerca de los contenidos en el instante mismo en que son publicadas. Además, concede que esta comunicación se establezca no solo entre lector y medio, sino entre unos lectores con otros. La existencia de estos foros supone un indudable avance respecto al método, ya clásico —no me atrevo a decir antiguo— de las cartas al director. El espacio digital no impone las lógicas restricciones del espacio físico de una edición en papel.
            Sin embargo, Zalabardo me llama la atención sobre algunas perversiones del sistema. Una, la para él nada educada tendencia a esconder las opiniones tras alias o seudónimos (a ninguno de los dos nos gusta el anglicismo nick, acortamiento de nickname). Los medios que abren estos foros a sus lectores, me sigue diciendo, deberían exigir que quien participe lo haga bajo su nombre y apellido reales, para que así se sepa quién manifiesta una opinión y con quién debatimos, caso de considerarlo conveniente.
            Otra cuestión que indigna a mi amigo es la creciente propensión de muchos a la agresividad, a la intolerancia, al insulto injustificado, a aprovechar la menor ocasión para atacar a quienes no sintonizan con sus ideas, como si quien pensara de forma diferente tenga que ser un imbécil. Tal actitud la justifica (lo que nos lleva a lo anterior) la cobardía de quien observa que su incapacidad para argumentar o el morbo de ofender quedan parapetados tras ese nombre falso.
            Y por último, me dice, lo que ya es incapaz de soportar es que, la mayoría de las veces, los comentarios y frases ofensivos que se vierten poco o nada tienen que ver con el asunto del artículo que les ofrece la oportunidad de participar o con las tesis expuestas por el autor o por otros foreros. Esto prueba, es su conclusión, que tales individuos no son sino pobres ignorantes que confunden el culo con las témporas.
            Toda esta vehemente exposición me la hace a propósito de lo que hemos podido leer acerca de Juan Goytisolo, la concesión del premio Cervantes, su actitud frente al protocolo y el contenido de su discurso. Me dice Zalabardo que le duele que los comentarios giraran en torno a si hizo bien o mal en acudir al acto con esa indumentaria, si no eran un insulto las alusiones en el discurso a sus ideas sociales, si puede aceptarse que se dé un premio de esa categoría a un comunista. Concluía dolido mi amigo: “La mayoría de las opiniones vertidas dejaban ver a las claras que quienes las firmaban no han leído una sola línea de la obra de Goytisolo”. Y estalla: “¡Como si la calidad de un buen escritor hubiera que medirla por sus inclinaciones políticas, porque vista chaqué, porque haya nacido en mitad de una charca o porque le gusten las cucarachas fritas!”
Ovejas churras
            Le doy la razón en todo y, para rebajar la tensión, le pregunto si sabe el origen de la expresión confundir el culo de las témporas. Mi amigo, tal como me esperaba, sabe lo que quiere decir, aunque ya tiene dudas sobre de dónde proviene. En efecto, es una expresión con la que queremos dar a entender que alguien confunde, mezcla, cosas muy dispares entre sí.
            El DRAE afirma que es una expresión malsonante y, para explicarla, remite a otra similar, confundir la velocidad con el tocino, que califica solo como coloquial. Lo cierto es que nuestra lengua posee otras locuciones semejantes que, sin embargo, el DRAE no recoge, aunque otros diccionarios sí: confundir (o mezclar) churras con merinas y confundir la gimnasia con la magnesia.
Ovejas merinas
            Lo de la velocidad y el tocino es una comparación con cierto tinte surrealista. La segunda exige que aclaremos que las churras son ovejas que producen leche y carne de calidad, aunque su lana sea basta, mientras que las merinas se aprecian más por su lana. ¿Y qué es confundir el culo con las témporas. Lo primero que no entiendo es por qué ha de ser locución malsonante. ¿Dejaría de serlo si, en lugar de culo, empleásemos trasero, pandero, posaderas, pompis o tafanario?
            Pero vamos con las témporas. Vaya por delante que esta palabra nada tiene que ver, pese a lo que algunos creen, con los tiempos litúrgicos, los cuatro periodos del año, impuestos por Calixto i en el siglo iii, coincidentes con el inicio de las cuatro estaciones y que marcan los días en que es preceptivo ayunar.
            La cosa es que en ninguno de los libros dedicados a explicar el origen de nuestras expresiones y refranes que consulto encuentro su explicación. Solo en Abecedario de dichos y frases hechas, escrito en 1999 por Guillermo Suazo Pascual se atribuye a un fraile que soportaba mal la penitencia de azotes sobre las nalgas que llevaba aparejado el ayuno haber dicho en tono de queja: ¿Pero qué tendrá que ver el culo con las témporas? La explicación es ingeniosa, pero poco ajustada a la verdad.
Y un tafanario: La Giumenta, de Giuseppe Rendo

            Porque lo que se olvida es que la palabra latina tempus, no solo designa ‘el tiempo’, sino que, sobre todo en plural, tempora, -orum, significa ‘sienes’. El ya clásico diccionario Vox aporta el siguiente ejemplo: cingere tempora lauro, ‘ceñir las sienes de laurel’. Lo que sucede es que, en la comentada locución utilizamos el cultismo, pues el término patrimonial que tempora dio en nuestra lengua, tras la normal desaparición de la vocal postónica y una disimilación r>l, es templa, palabra que, dicho sea de paso, solemos emplear poco. De hecho, yo solo la he visto utilizada en dos autores. En Carlos Rojas: durísima la mirada en medio del rostro viril y sensible, tan ancho entre las templas como prolongado por los quijares (El ingenioso hidalgo y poeta Federico García Lorca asciende a los infiernos, 1980) y en Miguel Delibes: el abuelo escudriñaba la morra y las templas del pequeño, por ver si se producía alguna alteración  (Madera de héroe, 1987). Témpora, con ese significado de ‘sien’, es de esas palabras que permanecen ocultas; en cambio, todos recordaremos que ‘cada uno de los dos huesos del cráneo de los mamíferos correspondientes a las sienes’ recibe el nombre de temporal. Hablamos, pues, de un caso de homonimia, ya que nada tiene que ver con tempus, ‘tiempo’ sino con tempora, ‘sienes’.

            Con esta explicación, creo, la locución adquiere su pleno sentido, ya que estamos ante una metonimia en que se una parte pasa a designar el todo y témporas, ‘las sienes’, se convierte en ‘cabeza’. Así, lo que criticamos cuando decimos que alguien confunde el culo con las témporas es que se confundan funciones inteligentes y elevadas, propias de la cabeza, con otras más vulgares.

1 comentario:

marta chijeb herrera dijo...

He quedado perpleja y sorprendida de la capacidad (y seguro investigación) de análisis del Sr. Zalabardo, pues estoy elaborando un diccionario de frases y encuentro ciertas dificultades ante ciertas frases como la que me ocupa, pues tendría que echar mano de la ingenuidad o imaginación para poder explicar frase tan enigmática. Afortunadamente,gracias al estudio de este Sr. ahora puedo clamar !!!EUREKA¡¡¡. Muchísimas gracias por el estudio de dicha frase y enhorabuena. Marta.