Son varias las mujeres que en nuestro espectro político son representantes de un partido a la hora de hablar en nombre de su grupo ―Cuca Gamarra, Mertxe Aizpurua, Pepa Millán, Verónica Martínez…―. Dicho cargo recibe el nombre de portavoz. Zalabardo me cuenta haber leído no hace muchos días en un periódico una información en la que se hacía alusión a la portavoza de un determinado partido y solicita mi opinión sobre dicha forma.
Naturalmente,
le digo que no la considero válida y que no es sino una curiosa anécdota que rompe
el espíritu de la lengua y que se une a otras parecidas que se han dado a lo
largo de los años. En 1997, Carmen Romero, esposa de Felipe González
utilizó en un mitin la forma jóvenas y en 2008, siendo ministra, Bibiana
Aído se dirigió a las miembras de una comisión; ya en 2018,
fue Irene Montero quien por primera vez hizo alusión a las portavozas.
No dejan de ser intentos fallidos, a la vez que incorrectos, de llevar al
lenguaje el esfuerzo por hacer más visible el papel de la mujer en la sociedad
actual.
Me
pregunta mi amigo si lo que digo supone desafección o desconfianza hacia el lenguaje
inclusivo, que es tratar en el lenguaje de modo equitativo a cualquier
persona sin que haya discriminación de ninguna clase. Le respondo que no e intento
aclararle que la creación y modificación de palabras está presente en la misma
naturaleza de la lengua y que cualquier hablante dispone de capacidad para
crear palabras. Le recuerdo un caso. César Gómez Lucía, piloto que,
terminada la guerra civil buscaba un nombre para designar a las personas,
mujeres, que atendían durante el vuelo a los viajeros, pues no le gustaba camarera,
se decidió por azafata, término con larga historia a sus espaldas
y adquiría un nuevo significado. Cuando esta tarea se encomendó también a
hombres, se les llamó finalmente, hacia 2014, azafatos. ¿Niega
alguien que es ejemplo de lenguaje inclusivo?
Otro ejemplo. Los partos eran atendidos tradicionalmente por mujeres, las matronas. Cuando en 1980 se autorizó que los hombres pudiesen acceder a esta titulación y desarrollar un trabajo tradicionalmente feminizado, hubo que darles un nombre; y se recurrió al más lógico, matrón. Otro caso de lenguaje inclusivo. Los dos ejemplos buscan favorecer a hombres en ambientes que se consideraban propios de las mujeres. Ahora estamos en la búsqueda de un lenguaje que reconozca a las mujeres en un mundo de hombres. Médico, arquitecto, ingeniero, etc., trabajos que siempre realizaron hombres, hoy se han feminizado en las formas, médica, arquitecta, ingeniera, etc. Como debe ser.
Portavoza es caso diferente. Las palabras
españolas terminadas en z pueden ser femeninas ―nuez,
paz, luz― o masculinas ―lápiz, antifaz,
arroz―, aunque algunas sean comunes en cuanto al género, es
decir, que sirven tanto para el masculino como para el femenino ―juez,
aprendiz―. Pues bien, lo primero que hemos de mirar es que voz,
parte del compuesto portavoz, es de género femenino, aunque el
compuesto resultante actúe como común. Feminizarla parece un poco absurdo. Aunque
no lo es en los casos de jueza o aprendiza, por
ejemplo.
¿Hay que luchar, en una sociedad cada día más igualitaria,
por un lenguaje inclusivo que elimine los rasgos excesivamente
androcéntricos de la lengua? La respuesta es rotundamente sí. Pero no olvidemos
que la lengua se va transformando según evoluciona la sociedad y su mentalidad,
pero nunca al revés. Le digo a mi amigo que la ONU tiene unas Orientaciones
sobre lenguaje inclusivo en cuanto al género en español, que pueden
consultarse en internet. En la introducción se dice que el lenguaje
inclusivo ha de tener en cuenta el tipo de comunicación, la finalidad,
el contexto y el público al que se dirige. Que ha de servir para construir
mensajes claros, fluidos, concisos y legibles. Y que para ello ha de disponer
de estrategias que valgan tanto en la comunicación oral como en la escrita. En
suma, que cumpla lo que siempre se ha pedido a la lengua, que sea un
instrumento claro de comunicación
Al hablar de las estrategias, establece varios grupos. En el
primero sugiere que se usen formas de tratamiento similares ―si se habla del presidente
Sánchez, debe hablarse también de la presidenta Ayuso―. Que
no se utilicen expresiones que supongan connotaciones negativas ―evitar no
llores como una mujer o ser fuerte como un hombre―. Que
no se perpetúen estereotipos ―no hablar de enfermeras y médicos,
sino de personal sanitario―.
En un segundo grupo se proponen estrategias para visibilizar
a la mujer cuando lo exija la situación comunicativa. Vale el desdoblamiento,
aunque no hay que abusar hasta hacer pesado el discurso. Por eso es aconsejable
decir Los candidatos y las candidatas al puesto deben presentar las
instancias…, pero se considera preferible Los españoles se
manifiestan en favor de la sanidad pública. Son válidos ciertos
recursos ortográficos, como El/La Directora/a, pero
se rechaza el uso se símbolos como x o @ porque
producen palabras ―amigxs o amig@s― que son
imposibles de leer o de pronunciar.
Y en un tercer grupo aparecen estrategias para no
visibilizar el género cuando la situación comunicativa no lo exija. Así,
propone evitar los determinantes ―se desaconseja decir asistieron al acto
algunos periodistas porque decir simplemente asistieron al acto
periodistas es suficientemente claro―. Se sugiere emplear, cuando haya
dudas, colectivos y estructuras genéricas ―el funcionariado, la
comunidad científica―, o emplear persona o relativos
―Acudieron unas diez personas; quien desee asistir…―.
O sea, le digo a Zalabardo, que hay muchas maneras de conseguir un lenguaje inclusivo sin caer en el grado de absurdez y pedestrismo que se observa en algunos casos que defiende la Guía sobre comunicación socioambiental con perspectiva de género, publicada por la Junta de Andalucía en 2007. Le enseño a mi amigo un único ejemplo que me parece especialmente llamativo. Es un poco largo, pero creo que vale la pena. En la página 38 se rechaza la redacción de un texto por estar escrito con «perspectiva androcéntrica»: En un Paraje Natural se va a construir una urbanización de lujo con todos los servicios para que a pesar de estar alejado de zonas urbanas se pueda vivir con todas las comodidades. Para sustituirlo, se propone esta redacción con «perspectiva ecofeminista»: En un Paraje Natural se va a construir una urbanización de lujo, esto generara un crecimiento económico en la zona. Asimismo está provocando unas protestas de las vecinas y los vecinos por el impacto ecológico que puede provocar. Respeto los fallos gramaticales que aparecen en ambas redacciones. ¿Qué tiene de inclusivo el segundo y qué le sobra al primero?
¿Es necesario un lenguaje inclusivo? Sí. Pero de poco sirve
si no conseguimos que esa equiparación se afirme en la conciencia social.



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