sábado, mayo 02, 2026

A DOS CARAS (COMO LOS HOMBRES MALOS)

Aunque no se pase de ser, como yo, jugador mediano, cualquiera que haya participado en una partida de dominó ―también llamado por muchos dómino― habrá oído alguna vez la expresión salir a dos caras, como los hombres malos. En este juego, en la primera ronda de la partida es obligado salir con el seis doble y aunque ya en las siguientes hay libertad para salir con cualquier ficha, lo más frecuente es comenzar con una doble ―aquella que presenta cinco/cinco, dos/dos, etc.― Quizá sea porque, en ocasiones, una ficha doble es más complicada para ser colocada. No obstante, no es raro que un jugador, por cualquier motivo, salga con otra ficha, seis/uno, cuatro/cero o cualquiera que presente un número diferente en cada uno de sus lados. A eso se le llama salir a dos caras.

            Conversamos Zalabardo y yo sobre cómo muchas expresiones, no ya de los juegos, sino de otras muchas actividades, pasan al lenguaje diario. Por ejemplo, esta de la que hablamos. Salir, o actuar a dos caras es hacerlo de forma que despista al interlocutor haciéndole creer una cosa que pudiera ser diferente a lo que luego se realice. En el dominó, salir a dos caras suele ser una manera de despistar al contrario sobre cuál es el juego que se persigue; lo que sucede es que, siendo lo usual que se juegue por parejas, este proceder puede despistar al propio compañero.

            El añadido como los hombres malos ya me resulta más difícil de explicar a mi amigo. Hay quien dice que se refiere solamente al mero hecho de engañar. Otros, en cambio, dice que el origen hay que buscarlo en el dios Jano, el bifronte, que tenía dos caras, una que mira hacia el pasado y otra que mira hacia el futuro. Y si tanto pasado como futuro carecen de valor, porque uno ya no es y el otro no es aún, ocuparse de ellos y no del presente, que es lo único cierto, puede interpretarse como engaño e hipocresía.

            Y ya que hablamos de engaño, ¿qué decir de ir de o echarse un farol? El farol, primero en el póquer y luego en el resto de los juegos consiste en lanzar una apuesta fuerte con un juego débil con la intención de impresionar, deslumbrar, al resto de jugadores, que piensan que quien tanto se juega se siente amparado por las buenas cartas que tiene en la mano. En la vida diaria, ir de farol es fingir una situación muy por encima de las expectativas de que se dispone para intimidar o asustar a un oponente.

            Otro envite fuerte es el órdago, palaba de origen vasco, hor dago, que significa ‘ahí está’. Lanzar un órdago, en el juego del mus, es apostar todo en una sola mano, a veces fiándolo todo a una carta, con la idea de que tal acción puede suponer ganar todos los tantos y, con ello, finalizar la partida. El órdago supone un riesgo porque, a veces, la jugada sale mal y el resultado es diferente al esperado. Fuera de este contexto, lanzar un órdago es adoptar una firme y privilegiada, en un negocio o en cualquier otro asunto, para hacer creer a la otra parte que quien así procede tiene en su mano todos los recursos para salir vencedor en el litigio de que se trate.


            Le digo a Zalabardo que hemos repasado expresiones que, en cierto modo, suponen engaño o estrategia para simular superioridad, pero no todas las expresiones nacidas de los juegos se relacionan necesariamente con el engaño. Por ejemplo, cantar las cuarenta. En el tute, el jugador que consigue unir el caballo y el rey del palo que marca el triunfo se anota cuarenta puntos, lo máximo posible. Se habla de cantar porque el jugador que logre esa pareja debe declarar en voz alta, cantar, que la tiene una vez logre ganar una baza. De ahí nace que cuando a alguien se le reprende con severidad o se le hacer ver con claridad cualquier verdad o situación, aunque le pueda resultar incómoda, se diga que se le ha cantado las cuarenta.

            Y queda entre las que comentamos, por el momento y ya que hablamos de cartas, una expresión que puede resultar bastante confusa, en cuanto a su origen, pero que todo el mundo entiende, tener carta blanca. En el Diccionario panhispánico del español jurídico se define la carta blanca como ‘título o despacho de un empleo en que se deja en blanco el nombre del agraciado para poderlo llenar después a favor de quien parezca’. También se dice que la carta blanca es aquella, el comodín, que se puede utilizar con el valor que cada uno prefiera. En un sentido más amplio, se afirma que tiene carta blanca la persona que dispone de ‘absoluta libertad para decidir o actuar sin tener que rendir cuentas a nadie por ello’.

            Zalabardo se echa a reír y no puedo menos que preguntarle qué le provoca esa risa. Me dice que, tras lo que hemos hablado de jerga de los juegos aplicada a la vida diaria, se le ha ocurrido pensar que podría inventarse un juego en el que los participantes tuviesen que adivinar, en nuestro panorama político, quién está jugando a dos caras, quién va de farol, si alguien está en disposición de lanzar un órdago, a quién se le deberían cantar las cuarenta o si existe alguien merecedor de que se le conceda carta blanca. Me río con él y le digo que no es mala idea.