sábado, diciembre 12, 2015

NO TODO EL MONTE ES ORÉGANO

Orégano


            Quienes sigan esta Agenda sabrán de mi interés por los refranes y su origen. Este de hoy, tan común, me crea sin embargo algunas dudas. Cada vez que lo recuerdo o empleo, le digo a Zalabardo, se me viene a la memoria un entrañable amigo, Pepe Luque, persona ingeniosa, afable y presta siempre a quitar dramatismo a cualquier problema. Pepe, con su peculiar humor, solía transformar este refrán y no era raro oír de su boca: “Algunos creen que todo el monte es orgasmo”.
            El sentido del dicho es claro para todos: El Refranero multilingüe del Centro Virtual Cervantes dice que con él expresamos que, a veces, no todo es fácil, ni bueno, ni ventajoso, sino que también hay cosas difíciles o trabas que impidan que podamos hacer las cosas con facilidad. Se emplea también para indicar que algo no es como lo imaginábamos. A continuación, presenta una relación de refranes similares en otras lenguas: El árbol tiene muchas ramas (euskera), No es azúcar todo lo que es dulce (alemán), Todo lo que brilla no es diamante (griego), No todo es fácil (francés), Todo lo que es blanco no es leche (italiano), No todo lo que cae en la red es pescado (portugués) o No todo es carnaval para el gato (ruso).

Alcaravea
           En castellano, también encontramos dichos equivalentes: No es oro todo lo que reluce o No todos los días es domingo, por ejemplo. Lo de No todo el monte es orégano tiene su explicación. Aclaremos primero que la palabra orégano, etimológicamente, significa ‘planta que alegra al monte’. ¿Por qué? La razón nos la da Pancracio Celdrán en su Diccionario de frases y dichos populares, en el que hace una enumeración de las benéficas propiedades de esta planta de uso medicinal y culinario: majada y bebida con vino blanco, ayuda a concebir a la mujer; es antídoto contra el veneno de arañas y alacranes; como infusión, alivia el ardor de estómago; cocido en vino, sirve para hacer gárgaras y fortalecer las encías; comido con miel, quita la tos y el dolor de estómago; elimina los gases; cocido en vino cuando está verde y usado como cataplasma, facilita la orina; elimina las lombrices… ¿Se puede pedir algo más?
            ¿Qué es, entonces, lo que me intriga de su origen? Pues el hecho de que exista una forma más antigua del refrán, más larga y algo diferente: Plegue a Dios que orégano sea y no se nos vuelva alcaravea. El Diccionario de Autoridades de 1726 lo explica así: Se significa el justo recelo con que se debe vivir de la inconstancia de la fortuna, deseando que ya que en alguna cosa que se emprenda no suceda el bien que se quisiera, sea el menor mal de los que debieran recelarse. Visto así, el refrán se aviene más al primer sentido que da el CVC que al segundo, que es con el que suele emplearse hoy.
            Aquí es donde me lío un poco. Ya se han citado las múltiples propiedades del orégano, razón por el que se desea tenerlo por encima de cualquier otra cosa. ¿Pero por qué temer que se nos vuelva alcaravea, es decir, que se nos tuerza el asunto? Y es que la alcaravea, otra planta de uso medicinal y culinario, también ofrece abundantes propiedades positivas, que rehúso exponer. La alcaravea, pues, es un producto igualmente apreciado. Por moverme solo en el terreno de lo popular, aporto este ejemplo de un poema que recogen dos compañeros míos de la época de la Facultad: Muy poco necesito / pa’ este camino. / Pobre es mi hato: / un poquito de azúcar, / alcaravea, canela y clavo (Juan Alberto Fernández Bañuls y José María Pérez Orozco: Poesía flamenca, lírica en andaluz). Con la eliminación de la alcaravea, quizá para ajustarlo al ritmo musical, José Menese lo canta en forma de liviana. Aclaro que alguien que quizá no entendiera bien lo que decía el cantaor, o que no conociera la palabra hato ‘ropa y objetos que alguien tiene para su uso ordinario’, pone en su lugar bato, palabra diferente, de origen gitano, que significa ‘padre’, y así figura en muchas partes.
 
Esperemos que eso sea orégano y no alcaravea
          
De esto desprendo que no debe ser tan despreciable la alcaravea como para que la minusvaloremos frente al orégano. Eso me lleva a pensar que tal vez en el refrán haya dos fuentes que, en algún momento, han mezclado sus aguas. ¿Cuál es anterior, el que habla solo de orégano o el que lo contrapone a la alcaravea? No lo sé. Pero me resulta curioso que Rodríguez Marín recoja un refrán que dice: No todo el año hay rosas, que está muy en la línea de esos que el Centro Virtual Cervantes cita. Y dicho refrán nos obliga a remontarnos hasta el libro segundo del Ars amandi de Ovidio, donde leemos: nec violae semper nec hiantia lilia florent, / et riget amissa spina relicta rosa; es decir, y que me perdonen los latinistas: ‘no siempre florecen las violetas ni se abren los lirios, y donde vimos erguida una rosa, quedan las espinas’. ¿Hay que remontarse hasta ahí para encontrar el origen de que no todo es orégano, es decir, no todo es placentero y nos encontramos también con situaciones desagradables? Eso lo entiendo; lo que no entiendo es por qué lo desagradable ha de ser la alcaravea.
            Le digo a Zalabardo que, al menos yo, no tengo la respuesta.

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