lunes, julio 28, 2014

METER UN PAQUETE / UN PURO



            No siempre es posible explicar bien, sin temor a errar, el origen de determinadas expresiones. A veces incluso se repiten unos argumentos tan asiduamente, que uno acaba por creérselos.
            Le digo esto a Zalabardo porque en ocasiones resulta difícil encontrar dicho origen a un giro o locución que nos parece de lo más habitual. Eso me ha ocurrido cuando mi amigo me ha preguntado por el de dos expresiones que, en principio, parecen idénticas: meter un paquete y meter un puro. Ambas, ya digo, coinciden en su significado, ‘imponer una sanción’, ‘castigar a alguien’. Pero, ahí está el problema, ¿cómo nacieron?
            Llama la atención que el DRAE no las recoja hasta su edición de 1985. De la primera, que califica como propia del lenguaje figurado y familiar, dice que es ‘castigar a alguien, multarlo o censurarlo por alguna cosa’. De la segunda afirma que es frase vulgar que pertenece al lenguaje militar y su significado es ‘arrestar, imponer un castigo’. Sin embargo, cualquiera que haya hecho la mili (y de esos ya quedamos pocos) sabe que son expresiones, las dos, muy cuarteleras, que luego han pasado a la vida común. ¿O acaso ha sido al revés?
            Tengo  que confesar que he buscado detenidamente textos que las expliquen y no he podido hallar más que un artículo El lenguaje de los soldados, de Juan Gómez Capuz y Félix Rodríguez González, que forma parte de un trabajo más amplio, El lenguaje  de los jóvenes, publicado en 2002 por la Universidad de Alicante. Dicho  artículo, en uno de sus apartados, desarrolla la tesis de la tendencia en el lenguaje militar a adoptar metáforas de claro contenido sexual. Así, afirman que cualquier expresión en la que quepa el verbo copular significa en realidad arrestar, castigar, vamos, lo que en el lenguaje vulgar se dice follarse a alguien. Y no faltan los ejemplos: pasar baqueta, meter un parte, meter un rabo, meter un puro o meter un paquete. Creo que no utilizan más y dice que todas manifiestan una clara analogía con follar. Es posible, aunque no estoy seguro de que la teoría valga para todos los ejemplos.
            Lo digo no por el mero hecho de llevar la contraria a nadie, sino porque hay ejemplos anteriores en el tiempo y en el ámbito que, si no son idénticos, presentan alguna similitud. Lo que sucede, se lo confieso a Zalabardo y a cualquiera que lea este apunte, es que carezco de argumentos suficientes para demostrarlo.
            Pero vamos a ello. Y empecemos por paquete. La palabra, si miramos cualquier diccionario, significa muchas cosas. Además, existen, que yo conozca, más de una locución: ser (o parecer) un paquete, tragar(se) el paquete y meter (a alguien) un paquete. Cada una tiene sentido diferente aunque un inicio semejante. Paquete, comencemos por ahí, procede de paca, ‘fardo, lío’ y, ambos, vienen del francés. Un paquete es un ‘lío o envoltorio bien dispuesto y no muy abultado de cosas de una misma o diferente clase’ y también ‘conjunto de cartas (naipes) o papeles que forman mazo, o contenidos en un mismo sobre o cubierta’. Además, entre muchas más significaciones, antiguamente se llamó así a los paquebotes, ‘embarcaciones que llevaban de un puerto a otro la correspondencia y, también, pasajeros’.
            Los primitivos paquetes, tanto los envoltorios comunes como los que contenían naipes, se preparaban, al parecer, con todo esmero y primor, por lo que la gente comenzó a llamar paquete (no sé si en tono de burla o admiración) al ‘hombre que sigue rigurosamente las modas y va muy compuesto’. El diccionario de Elías Zerolo, de 1895 es el primero en el que encuentro esta definición. La Academia la recoge en su edición de 1899. O sea, que un paquete era lo que anteriormente se había llamado pisaverde, lechuguino y cosas así, alguien excesivamente preocupado por ir a la moda.
            Por otro lado está tragar(se) el paquete. Aquí ya se nos une el puro, ‘cigarro hecho con hojas de tabaco enrolladas y liado sin papel’. Hubo un tiempo en que los puros se vendían en grupos de seis, simplemente atados por una cinta. El fumador podía ver sin dificultad el estado del producto que se le vendía. Pero, como todo cambia, a la Compañía  Arrendataria de Tabacos se le ocurrió meterlos en unas cajas, paquetes, que solo disponían de una pequeña abertura en un lateral para examinar su contenido. Los fumadores no tomaron bien este cambio, pues recelaban que fuese una treta para ocultar la calidad del producto. Se empezó a decir que quien quería fumar tenía por fuerza que tragarse el paquete, sin ver su interior, por lo que podía ser engañado. De ahí que tragarse un paquete sea igual que ‘sufrir un engaño’.
            ¿Cómo se llega del piropo, ser un paquete, o del engaño, tragarse un paquete, a meter un paquete, aplicar un castigo? Confieso que no lo sé, aunque tengo mi teoría. ¿Es más o menos verosímil? Tampoco lo sé. Pero me reafirma en ella una noticia que se difundió no hace mucho tiempo. Un sargento del ejército fue condenado por haber impuesto a un soldado como castigo tener que llevar encima a todas horas, en bandolera, unas cadenas de peso desorbitado. Todo ello por haber incurrido en lo que el sargento consideró grave descuido del soldado. El tribunal, en su sentencia, determinó que el sargento había impuesto una humillante sanción medieval. Esto me hizo recordar que, durante la mili, al menos en la que yo conocí, había oficiales y suboficiales bastante zoquetes, por no decir una palabra más dura, que a los reclutas que incurrían en una falta a juicio de ellos merecedora de sanción dura, los obligaban a dar vueltas alrededor del campamento cargados con todo el armamento, además de una mochila con el peso que aquellos salvajes considerasen oportuno. Es decir, se les metía un paquete, que era la carga que debían portar. O sea, en la milicia, espero que ya no, se ponía (o metía) un paquete o se le ponía (o metía) un puro a quien unos desaprensivos consideraban oportuno. Pero ya no se trataba de ningún engaño, no era dar gato por liebre, era imponer un castigo por lo general injusto.
            ¿Qué no es eso y la realidad es esa metáfora sexual que proponen los profesores de Alicante? Que cada cual crea lo que quiera, aunque, en cualquier caso, a quien le caía la china del castigo lo jodían bien, hablando en román paladino.

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