sábado, diciembre 06, 2014

PACIENCIA Y BARAJAR…



 
Naipes sobre el Quijote (H. Fournier)
          
Don Quijote, en la segunda parte de la novela, cuenta que, en su bajada a la cueva de Montesinos, el caballero Durandarte, hablando de que las grandes hazañas se guardan para los grandes hombres, dijo: Y cuando así no sea, paciencia y barajar. Poco después, uno de los que habían oído su relato, incrédulo ante la historia, repuso que al menos le había permitido entender la antigüedad de los naipes, que por lo menos ya se usaban en tiempos del emperador Carlomagno.
            Zalabardo y yo no acostumbramos a jugar mucho. Si acaso, algo al parchís y al tute, siendo la modalidad que más nos gusta de este la del llamado tute subastado. Y, cuando no le van bien las cosas, mi amigo acostumbra a decir eso de paciencia y barajar.
            Paciencia y barajar es una expresión antigua que, según el diccionario, se utiliza para ‘animar a alguien o a uno mismo a perseverar en un intento después de un fracaso’. Mas su origen es confuso, como confuso es el origen del juego de naipes o de la palabra barajar.
            Empecemos por naipe. O naipes, que en principio era la forma más comúnmente utilizada. Su procedencia es, ya digo, incierta, aunque el DRAE la hace derivar del catalán naíp, que a su vez la tomaría del árabe. Lo primero pudiera ser; lo segundo es negado por bastantes que sostienen que es un juego que tuvo sus inicios en Europa. De hecho, la primera vez que se menciona parece ser en el siglo xiv, en un texto en el que Alfonso xi de Castilla lo prohíbe expresamente a los caballeros.
            Covarrubias, en su Tesoro de la lengua castellana (1611), da una explicación curiosa. Dice de naipes: libro desencuadernado en que se lee comúnmente en todos estados, que pudiera estar en el catálogo de los reprobados. Dijéronse naipes de la cifra primera que tuvieron, en la cual se encerraba el nombre del inventor. Era una N y P y de allí pareció llamarlos naipes. Pero las dichas letras decían Nicolao Pepín.
Naipes R. Fábrica de Macharaviaya (Málaga), fin. s. XVIII
            Sin embargo, hay un libro curiosísimo, anterior, de 1603, titulado El desengaño contra la ociosidad y los juegos, escrito por Francisco Luque Fajardo, clérigo de Sevilla, que nos orienta hacia otra dirección (sobre el origen del juego, que no de la palabra). Hablando del juego entre los romanos, afirma que entre ellos no se conocía entonces el naipe dañoso (ocupación de españoles holgazanes). Y añade que supuesto que son tan comunes los naipes, es mucha oscuridad [su origen] pues de ellos no he hallado [autor] moderno que haga memoria.
            Pese a tal aserto, a continuación inicia una larga, erudita ¿y contradictoria? exposición de sus estudios sobre el tema. Afirma, basándose en Herodoto, que el juego de naipes, o de hojas, lo inventaron los lidos, así llamados por su provincia, Lidia, región limítrofe con Anatolia. Y que los romanos lo llamaron ludus chartorum, cosa que explicaría la sinonimia entre naipe y carta. De hecho, Nebrija recoge en su Diccionario (1495) naipes como ludus chartorum. Sigue Luque Fajardo explicando que, en principio, los egipcios hacían estas hojas (que no naipes) de papiro; que después se hicieron de pergamino, como antes los babilonios las habían hecho de tablillas de barro. Por fin, mantiene que Platón atribuye su invención a Theuth, de donde, asegura, proviene la palabra tahúr. Las dos afirmaciones deben ponerse en duda, pues en Platón se lee que el dios egipcio Theuth inventó la escritura, el número, el cálculo, la geometría y la astronomía, aparte de los juegos de damas y dados, aunque nada dice de los naipes, y tahúr palabra de la que Corominas dice tener un origen incierto y el DRAE le asigna una procedencia armenia.
            Aun con esas prevenciones y ese galimatías, los capítulos seis y siete de este libro son una delicia, pues, para acabar, atribuye su introducción en nuestro país, del juego de naipes, a un tal Vilhan, del que dice ser francés y un pobre hombre que lo perdió todo en el juego.
            Y en Luque Fajardo es en quien primero hallo la frase con que titulo el apunte, pues, después de contar la historia de Vilhan, mantiene que los jugadores cuando más alcanzados de sufrimiento a causa de las pérdidas, dicen paciencia y barajar

Naipes sobre obras de Shakespeare. Museo Peterhof
            ¿Y qué pasa con baraja? También es de origen incierto. El DRAE dice que pudiera venir del portugués y Covarrubias opta por defender su origen hebreo. Y así dice que, en principio, la palabra significaba ‘pendencia’, ‘confusión’, ‘mezcla’ y barajar, ‘reñir’. En su favor aporta dos refranes: Cuando uno no quiere, dos no barajan y A cuentas viejas, barajas nuevas.
            Y sigue: Los que juegan a los naipes llaman baraja al número de ellos con que juegan por ser ocasión de contender unos contra otros, y al revolver unos naipes con otros llaman barajar.
            Como último dato (“¡No vayas a parecerte a Luque Fajardo!”, me dice Zalabardo), el Diccionario de autoridades, de 1770, recoge que baraja significa 1. ‘conjunto de cartas’ y 2. ant. ‘riña, contienda, reyerta’. Todavía hoy, el DRAE, en su acepción número 13 (¿no podía ser otra?) dice que barajar es ‘reñir, contender o altercar con otros’.
            Y tras esto, nos disponemos a jugarnos una cerveza, con su tapa correspondiente, a la carta mayor.

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