martes, diciembre 07, 2010


EL CUADERNO ESCONDIDO. 08. MONNA BICE (Leyendo a Dante)


Florencia era, corrían por entonces los años finales del siglo XIII, una ciudad en expansión, con un tráfico comercial de tal pujanza que había quedado estrecha para su población, hacinada entre casuchas sombrías y macizos torreones.
Nueve años tan solo contaba el joven Dante y estaba a punto de cumplir los diez. En la agitada vida de la urbe, conmocionada por los enfrentamientos familiares, su familia había decidido que estudiara letras y artes liberales para, así, conseguir de él algo diferente al pequeño propietario rural que su padre había sido.
Regresaba un día de sus clases cuando la vio por primera vez. Vestida elegantemente, ataviada de un nobilísimo color grana, aquella niña provocó en él tan profunda impresión que por primera vez Dante se sintió estremecer y sus sentidos se nublaron misteriosamente. La joven recién había cumplido los nueve años, y era tal la gentileza de su porte que el joven güelfo no pudo menos que pensar que tendría que ser hija de un dios y no de hombre.
El amor nacido de aquella visión derivó en pasión que terminaría por ser avasalladora. El joven solo suspiraba por poder estar junto a ella y mirarse en sus profundísimos ojos. Por eso cada día hacía por encontrarse de nuevo con ella, de tal modo lo había herido su figura, pero solo consiguió enterarse de su nombre: Beatrice.
Habrían de pasar otros nueve años para que la viese de nuevo, esta vez vestida de color blanquísimo y acompañada de las damas que formaban su corte.
Fue entonces cuando ella volvió los ojos hacia donde Dante estaba y con dulce mirada lo saludó. Tan herido quedó su corazón que comprendió que nadie más podía ser la dueña de sus sentimientos
A la hora nona la vio por vez primera y la misma hora era la segunda vez. Súbitamente comprendió que el nueve era su número: nueve años contaba cuando el primer encuentro; nueve más habían pasado cuando lo saludó; y nueve, sin duda, deberían ser las cualidades que la caracterizaban: afabilidad, gentileza, prestancia, donaire, belleza, elegancia, nobleza, virtud, cortesía.
Y como el nombre es consecuencia de las cosas, se decía, buscaba el que más le convenía y vio que eran nueve las letras del nombre con el que los demás la designaban: Monna Bice.
Y la llamó Lucero, y la llamó Dulzura, y la llamó Cielo, y la llamó Sol, y la llamó Gloria, y la llamó Hermosura, y la llamó Fuego, y la llamó Pasión; pero ninguno le cuadraba como el nombre de Amor, ya que Amor es tan dulce al oído que ningún otro refleja con toda fidelidad lo que ella era y provocaba en él.


Dante Alighieri (1265-1321): La vida nueva: Tutti le miei penser parlan d’Amore

Todos mis pensamientos hablan de Amor,
y tienen entre sí gran variedad,
que uno me hace desear su dominio,
otro discute locamente su valor,

otro, confiado, es causa de dulzura,
otro me hace llorar muchas veces;
y solo se conciertan en pedir piedad,
temblando por el miedo que hay en mi corazón.


Por lo que yo no sé de cuál tomar materia;
y querría hablar, y no sé qué decirme:
me encuentro así en amorosa incertidumbre.


Y si quiero que todos concierten,
habré de llamar a mi enemiga,
mi señora la Piedad, para que me defienda.

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