Desde una ocasión en que se me
ocurrió explicarle a Zalabardo que de la raíz indoeuropea pā, ‘proteger, nutrir’,
deriva la palabra latina panis, pan en español, y que compañía
significa ‘acción de comer un mismo pan’ y compañero ‘con quien se comparte el
pan’, no deja de preguntarme cuál es la etimología de determinadas palabras o
de dónde proceden ciertos modismos y locuciones.
Así, el otro día leíamos que Rosa Montero utilizaba en su columna la
locución a troche y moche. Mi amigo me dijo que conocía bien el
significado de la misma, pero que ya se le hacía más difícil discernir cuál
fuera su origen, de dónde procedía. Y aunque se puso algo mohíno por ello, yo tuve
que decirle que dudaba de que estuviera tan seguro de conocer el significado,
ya que es una locución que bastantes veces se utiliza mal, como si fuera
equivalente a a diestro y siniestro, ‘por todas partes, sin tino, sin orden’,
cuando la verdad es que entre una y otra hay algunas diferencias.
Lo que sucede es que algunas
locuciones son muy claras de interpretar, se conozca o no su origen. De esta
forma, nadie ignora que cuerpo a cuerpo indica que algo ‘se
realiza mediante el contacto físico directo entre los adversarios’. Aunque a lo
mejor no se sepa que la expresión surge de los primitivos combates olímpicos,
origen de lo que hoy se conoce como lucha grecorromana, en que los
participantes aparecían completamente desnudos, sin vestir ninguna prenda que
pudiera servir de sujeción al contrincante.
Pero ya no resultan tan evidentes
locuciones como la que me pedía aclarar Zalabardo, a troche y moche, o, por
citar un solo ejemplo más, romper una lanza por alguien o algo.
Vayamos primero con esta última.
Si acudimos a cualquier diccionario,
leeremos que romper una lanza por alguien o algo es ‘salir en su defensa o
en su apoyo’. ¿Y por qué razón es esto? La verdad es que los tiempos han
cambiado mucho y las costumbres también. Hoy, las disputas o defensas de alguna
tesis o de alguna persona se suelen desarrollar en un plano meramente
dialéctico. Sin embargo, en la Edad Media todo era diferente. Si alguna persona
consideraba que debía reparar una afrenta, lo normal era retar al ofensor en
una justa o torneo. No daba igual una que otro, pues en la justa se utilizaban
armas de verdad, que podían herir e incluso matar, mientras que en los torneos
se empleaban armas fingidas, por lo común de madera que, a lo más, dejaban
maltrecho al vencido. Estas armas, generalmente, eran lanzas que, en el
combate, no era raro que se rompiesen. El vencedor era quien lograse derribar
de su montura al adversario el número de veces estipulado. De estas lides quedaron
en nuestra lengua dos locuciones: quebrar lanzas, ‘reñir, disputar con
alguien’ y romper una lanza (por algo o alguien), cuando la lucha se
realizaba para defender a alguien de la ofensa inferida.
¿Y qué sucede con a
troche y a moche? La verdad es que la expresión original es a
trochemoche, pese a que en la actualidad se utiliza más la primera
forma. ¿Y por qué le decía a Zalabardo que hoy existe cierta confusión con
ella? Pues porque hay quien interpreta que quiere decir ‘indiscriminadamente,
sin cesar, por todas partes’, cuando la verdad es que significa, según podemos
ver en el diccionario Clave, ‘de forma disparatada, sin
consideración, sin orden ni medida’. Aunque pueda parecer que hay semejanzas,
no es lo mismo. ¿Y por qué hago esta apreciación? Porque basta leer el Tesoro
de Covarrubias, que posiblemente sea
quien mejor explica el significado de la locución y nos deja clara su
procedencia. El canónigo de la catedral de Cuenca nos dice: “Trochemoche. Este término se usa para reñir a uno, cuando sin orden y sin concierto
dice o hace alguna cosa desbaratada; y está tomada la metáfora del que yendo a
cortar leña al monte, no atendiendo a las leyes de la corta, desmocha las
encinas sin dejar guía y pendón y lo demás que se manda; y aun no contento con
esto, corta la encina por el pie, que aquello llama trochar, id est, tronchar,
y el mochar, desmochar, de donde vino el modo hablar a trochemoche”.
1 comentario:
Lindo artículo. Me fue muy didáctico. En algunas provincias de Argentina, se usa el término "a la bartola", para decir que alguien hace algo con frenesí, sin una guía o un ordenamiento, disparatadamente.
Por ejemplo: la pared le quedó desprolija porque la pintó a la bartola. No tengo idea de donde salió "a la bartola".
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