domingo, septiembre 15, 2013

LA GENTE DE LA MANTECA



            En diferentes ocasiones me habréis oído decir aquí, y Zalabardo es testigo de ello, las dificultades que entraña arriesgarse a sostener cuál sea el origen (espacial) de una palabra o expresión o pretender aportar dónde figura su primera utilización o el porqué concreto de esa acepción.
            Lo he dicho refiriéndome a esa costumbre tan extendida (y que en algunos casos no es sino manifestación de esa tendencia nuestra a “sostenella y no enmedalla” cuando tratamos asuntos concernientes a la patria chica) de dar a la imprenta vocabularios que se ofertan como andaluces, extremeños, de Utrera  o de Carrascal de las Fontanas, si es que existe algún pueblo con ese nombre, sin las debidas comprobaciones de que cuanto decimos es así y no de otra manera.
            Sin embargo, a veces salta la liebre, o sea, la excepción, y nos sentimos descolocados, ya que aquello que tanto defendíamos parece no ser tan firme; en suma, se nos caen los palos del sombrajo y se nos escapa lo que es palmario. Pero, le digo a Zalabardo, eso es completamente normal puesto que no hay verdad inmutable ni ley sin excepción. O, al menos, eso creo.
            La cosa es que hace unos días nos encontrábamos con un amigo común y, planteada la posibilidad de hacer una adquisición, a Zalabardo se le ocurrió decir: “Lo malo del caso es que para eso hace falta mucha manteca”. Nuestro amigo no comprendió lo que se le decía y fue necesario aclararle que manteca no es otra cosa que dinero. Así recuerdo haberlo entendido siempre en mi pueblo y así lo conoce también Zalabardo, que no es paisano mío, pero casi.
            “No pretenderás afirmar que manteca, para aludir al dinero, es una palabra de tu pueblo, me interpela mi amigo”. Lo tranquilizo al decirle que no va por ahí el asunto, puesto que ese uso de manteca, si no me lleva a errar la fuente que empleo, es malagueño hasta las cachas.
            Lo curioso es que tal uso no lo hallo documentado en ninguna de las obras que conozco sobre el habla de Málaga. Como tampoco aparece en el libro de Alcalá Venceslada dedicado al vocabulario andaluz ni en los que consulto dedicados a las hablas de Cádiz, de Córdoba, de Sevilla… Vaya, que si, por más, hojeamos el DRAE no encontramos ninguna acepción que permita establecer una relación entre manteca y dinero. En esa búsqueda, únicamente dos obras estudiosas de las jergas me ofrecen algún apoyo: El Diccionario de argot de las adicciones, de José Francisco Loja y Segarra (2005) dice que manteca es tanto droga como dinero. Y el Diccionario de argot español, de Víctor León (1987), mantiene que manteca es dinero. Nada más. Ninguno explica el origen o razón de este uso.
            Pero, mirad por dónde, donde menos se espera, salta la liebre (eso ya lo dije antes). Tratando ayer mismo de hallar unos datos en Al sur de Granada, de Gerald Brenan (1957), aunque por una cuestión diferente, concretamente en el capítulo referido a las comidas en las sierras granadinas, en la página 157 me topo con este párrafo:
En el siglo xix las familias ricas de Málaga solían importar de Hamburgo barriles de mantequilla salada, y por eso se las conocía como la gente de la manteca. Constituía un lujo que señalaba una situación social, como hoy el tener coche.
            Esas familias ricas que cita don Geraldo, como se lo conocía en Alhaurín, son aquellas que, desde finales del siglo xviii se instalaron en Málaga procedentes de Inglaterra y, sobre todo, del centro de Europa y fueron la base sobre la que se sustentó la oligarquía burguesa industrial que ayudó a extender por el mundo el nombre de nuestra ciudad, difundieron sus ricos vinos (hasta que aquella maldita plaga de la filoxera lo mandó todo al traste) por todos los mercados del globo y levantaron ferrerías y otras industrias.
            Pues bien, aquellas ricas familias echarían de menos algunos productos que formaban parte de la dieta de sus países de origen. Y los traían a cualquier precio, porque podían pagarlos. Entre ellos estaba la manteca. De esa forma, tener manteca era sinónimo de tener dinero, pues el pueblo común, en aquellos años, no se podía permitir tal lujo.
            Si esa no es la explicación de por qué manteca significa dinero, que alguien busque otra, le digo a Zalabardo en tono casi de reto (como si él tuviera culpa alguna de las cosas que digo yo).

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