domingo, marzo 23, 2014

¿SABIOS O EXPERTOS? (CON UN INCISO SOBRE SENDERISMO)



            Confieso a Zalabardo que con frecuencia me repito, que vuelvo una y otra vez sobre asuntos trillados que, para un profesional de la información deberían ser cosa sabida. Pero resulta que no es así, que da uno una patada en el suelo y surgen como setas en otoño ataques flagrantes a nuestra lengua. Y, ante tal situación, no puedo callar, por lo que levanto la voz a sabiendas de que no va a ser oída (a lo mejor oída sí, aunque seguro que no escuchada).
            Entonces Zalabardo, que es lógico como el que más, me suelta: Y si sabes que va a ser así, ¿por qué no te quedas callado y adoptas la actitud de quien oye llover, dejando que todo fluya sin ponerle trabas?
            Ante tal sugerencia, me rebelo y me digo que uno, dos, doscientos o los que sean que dejan a diario su firma en los periódicos, no tienen derecho a volver locos al personal con su dejadez o con su ignorancia. Me paro y pienso que es muy fuerte la palabra que he escrito; pero la dejo, aun inclinándome por una corrección (que no retractación) del término. Y en lugar de ignorancia, escribiré negligencia. Pues no sé si es peor la ignorancia que el empecinamiento en no salir del error.
            Hoy, ya ayer, leía en la portada de El País el siguiente titular: Montoro descarta la subida del IVA que reclamó el comité de sabios. Pero en páginas interiores titulaba: Montoro desoye a los expertos. Por las mañanas, una de las primeras cosas que hago es repasar la prensa en Internet. Y el mismo periódico, en su edición digital decía: Montoro deja en papel mojado la reforma fiscal de los expertos, con el siguiente subtítulo: Descarta subir el IVA, el corazón de la propuesta del comité de sabios.
            Tanto por la mañana, temprano, cuando aún ni casi me había despertado, como por la tarde, cansado de la caminata que me di entre Torrox y Nerja por la sierra (siguiendo, aunque está muy deteriorada, la antigua Cañada de Málaga a Motril), me surgió la misma pregunta: ¿es lo mismo un sabio que un experto? Y aquí va el inciso. Los tiempos modernos respetan poco o nada las antiguas veredas, los caminos tradicionales. Cultivos, construcciones, autovías, arrasan todo. Y, en lo poco que queda, los coches se meten sin reparo. Vimos un sapo y un camaleón aplastados por las ruedas de sendos coches. Cada día es más difícil andar por el campo.¿No son los culpables más expertos que sabios?
            Vuelvo al tema del apunte. Lo primero que hice fue levantarme a consultar el DRAE. Y encontré que sabio se define en principio como ‘que posee sabiduría’ y a continuación ‘persona que posee conocimientos extensos y profundos o que se dedica al estudio o a la investigación con resultados extraordinarios’. Por su parte, experto es definido como ‘práctico, hábil, experimentado’. La verdad es que no quedé convencido con definiciones que me parecían algo vagas. Entré en la página de Fundéu y me encontré la respuesta a una consulta realizada en octubre de 2007 sobre la expresión comité de sabios. La opinión de esta Fundación es que se trata de un calco del francés comité des sages que, en nuestra lengua debería traducirse como comité de expertos.
            Di un nuevo paso en la indagación sobre la diferencia entre una y otra palabra. Acudí a la fuente y visité el Dictionaire de la Academia Francesa. Allí consulté dos términos: sage, que, traduzco, significa ‘prudente, circunspecto, juicioso, que tiene sentido justo de las cosas’. Pero también encuentré savant. Y esta palabra puede tener varios sentidos diferentes, de los que me quedo con dos: por un lado ‘que sabe mucho en materia de erudición o de ciencia’; lo acompaña este ejemplo: C’est un homme fort savant, que traduciríamos como ‘es un hombre muy sabio’; pero, por otro lado, significa ‘que está bien informado en algún asunto, que es hábil en alguna cosa’. Para este segundo caso, los ejemplos son: Où avez-vous appris cela? Vous êtes bien savant y Cet homme est trop savant dans l'art de feindre pour être cru sur sa parole,  que traduciríamos, respectivamente, como ‘¿Dónde has aprendido eso? Eres bastante experto’ y ‘Este hombre es experto en el arte de fingir para que sus palabras sean creídas’.
            Vemos, pues, que savant, en español puede servir para sabio y para experto. ¿Por qué entonces los franceses hablan de comité des sages y no de comité des savants? Creí hallar la respuesta en otros diccionarios españoles que, en algunas cuestiones, están más al día que el de la Academia, que ahora presume del lanzamiento de su nueva edición.
            Para sabio, María Moliner usa esta definición: ‘persona que posee conocimientos extensos y profundos o que se dedica al estudio o la investigación con resultados extraordinarios’. Y Manuel Seco define: ‘Que tiene conocimientos científicos extraordinarios’ y ‘Que tiene un profundo conocimiento de las cosas, especialmente adquirido por la meditación y el estudio’.
            María Moliner define un experto como ‘Persona entendida en una cosa’, mientras que Manuel Seco dice ‘que tiene grandes conocimientos o competencia en una materia’.

           Leídas estas definiciones, que considero más claras que las del DRAE, me queda la convicción de que lo que los franceses llaman un sage, es lo que estos diccionarios consideran un experto, que nunca deberá confundirse con un savant, es decir, un sabio. Y las personas que asesoran a Montoro, o a cualquier otro político, en determinadas cuestiones, siempre muy concretas, son a mi entender, expertos en esa materia, sin negar que alguno de ellos pudiera ser, también, sabio.
            Con todo ello, le digo a Zalabardo, tengo la convicción de que en nuestros medios seguiremos comprobando cómo se habla de comités de sabios porque, como el árbol de aquella antigua fábula, toda mala costumbre echa raíces tan profundas que, si no llegamos a tiempo, resulta casi imposible de arrancar.
           

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