martes, enero 06, 2015

AD CALENDAS GRAECAS



Calendario romano, con indicación de los fasti (días propicios)

            Confieso a Zalabardo mi extrañeza por la violencia que suele desatarse en los foros de Internet por los motivos más banales. Se diría que el anonimato anima a insultar. Pero es que personas que no ocultan su nombre, titulares de páginas e incluso periodistas, también escriben comentarios injuriosos, ofenden con sus contenidos o firman artículos y titulares que parecen provocar a propósito. ¿Tanto nos cuesta aceptar una opinión que no coincida con la nuestra para, con esa facilidad, renunciar al análisis y al diálogo y dejarnos llevar por el insulto? Hoy mismo leo que la policía ha detenido a una persona por llamar en Facebook delincuente al policía que murió arrollado por un tren cuando trataba de identificar a una persona. ¿Ni siquiera respetaremos a los difuntos?
            Hace un tiempo me topé con una página llamada Calendas griegas en la que su autora, con escasa delicadeza y algo de despiste, se ponía a explicar el sentido de la locución latina ad calendas graecas. Solo que su explicación era insuficiente y el tono más bien provocador, lo que sentó mal a algunos lectores que comenzaron a enviar comentarios en tono exaltado; la exaltación derivó en insultos y los insultos en pelea tumultuaria. Por supuesto, el tema de la entrada se olvidó. Esa razón me inclinó a enviar un comentario en el que pedía cordura y manifestaba mi preocupación ante tanta desconsideración y ausencia de respeto a las personas. De paso, aproveché para explicar qué era realmente la expresión y cuál su origen.
            Ahí hubiese quedado la cosa de no ser porque, tiempo después, he recibido escritos, incluso uno desde Costa Rica, que me agradecen la explicación ofrecida y solicitan alguna ampliación de la misma. No sé si ellos llegarán a leer este apunte, pero, para comenzar el año, retomo y completo lo que entonces decía.
            Empecemos con orden. ¿Qué dice el DRAE? Pues que calenda (aunque debiéramos decir calendas) proviene del latín kalendae, -arum, ‘primer día del mes’. ¿Y qué significados tiene ahora el término?: 1. Lección del martirologio romano, con los nombres y hechos de los santos, y las fiestas pertenecientes a cada día. 2. En el antiguo cómputo romano y en el eclesiástico, primer día de cada mes. 3. Época o tiempo pasado. ¿Y qué dice de calendas griegas? Pues que es una expresión irónica que significa ‘tiempo que no ha de llegar, porque los griegos no tenían calendas.
Calendario romano (Museo della Civiltà Romana)
            Aclarado esto, pasemos a la historia de la palabra y al sentido de la locución. De los que recoge el DRAE, el significado más ajustado al origen es el segundo, ‘primer día de cada mes’. Atendamos, pues, al calendario romano (fácilmente se ve que calendario viene de calendas) para que todo nos resulte más fácil. La raíz indoeuropea kel∂-, que significa ‘gritar’, está en la base del latín clamo, ‘gritar, dar voces’ y calo, ‘llamar, convocar’, así como del griego καλέω, ‘llamar’. Muchas son las palabras actuales que se remontan, por diferentes caminos, a esa antigua raíz: clamar, clamor, exclamar, chamariz, concejo, intercalar, declarar, nomenclatura… Y, naturalmente, calendas (o kalendas), siempre en plural, que era el ‘primer día de cada mes, en que se anunciaba públicamente en qué días iban a caer las nonas y los idus, que no tenían fechas fijas’.
            El calendario romano se ajustaba a los ciclos lunares y los meses no tenían un número fijo de días. Todo giraba en torno a tres fechas claves: teóricamente, el primer día de cada mes coincidía con el novilunio, la luna nueva. ¿Y por qué se le llamaba calendas? Porque en ese día, los pontífices anunciaban desde el Capitolio, siguiendo una fórmula tradicional, cuándo caerían las nonae (los días 5 o 7 del mes), el cuarto creciente, y los idus (los días 13 o 15), el plenilunio. También era el día en que las deudas privadas o los tributos al erario público debían ser saldados. Idus es una palabra de difícil filiación. Leo en algunos sitios, siempre aludiendo a M. Terencio Varron, que es un préstamo etrusco, eideus, que designa la noche clara, iluminada por la luz de la luna; pero, en otros, se dice que primitivamente era iduare, ‘dividir’, porque esa fecha partía el mes en dos partes de casi igual duración. Nonae, en cambio, no tiene ninguna duda, eran los días que iban nueve antes de los idus.
(Fuente: Wikipedia)
            Pero no todo es fácil en este calendario. En su historia sufrió modificaciones. El cómputo de los días, por ejemplo, no se hacía como ahora, sino siempre con referencia a un futuro: “el cuarto día antes de las calendas”, “el tercer día antes de los idus”, etc. Inicialmente, los meses eran diez y el año empezaba en marzo; luego se añadirían enero y febrero para ajustarse al ritmo de las estaciones. Eso explica que septiembre signifique ‘mes séptimo’ aunque en realidad sea el noveno. Igual pasa con octubre, noviembre y diciembre. Julio y agosto (antes quintilis y sextilis)) pasaron a llamarse así en honor de Julio César y de Octavio Augusto. Sin embargo, cuando a Tiberio le propusieron que septembris tomase su nombre, respondió: “¿Y qué haréis cuando se acaben los meses a los que cambiar el nombre?”.
            Me interrumpe Zalabardo: “¿Pero cómo la dichosa locución Ad calendas graecas pasa a significar ‘tiempo que no ha de llegar’, es decir, ‘nunca’?” La respuesta es fácil. El calendario griego, o los calendarios, pues en cada región tenían uno propio, funcionaba de diferente manera. En cualquier caso, los griegos no tenían calendas, porque al día de la luna nueva lo llamaban neomenia (de νεο, ‘nuevo’ y μήνη, ‘luna’). Y cuenta Suetonio en De vita caesarum que fue el emperador Octavio Augusto el primero en utilizar la locución, pues, haciendo referencia a los morosos, decía en tono de burla que pretendían pagar ad calendas graecas, es decir, nunca.
            Para terminar el apunte, deseamos que el nuevo año sea venturoso para todos y nunca los idus nos sean aciagos, como fueron para César los de marzo.

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