jueves, agosto 24, 2006

MUCHAS GRACIAS, DE VERDAD

Me lo había dicho Zalabardo hace unos días, pero lo cierto es que yo no había prestado demasiada atención al hecho. Cada día, me decía, las relaciones sociales son más conflictivas y cada vez las cotas de hipocresía más altas. La gente no es clara con los demás, no se comporta con sinceridad, sino que está dispuesta a clavar por la espalda cuantos cuchillos sean precisos y miente como auténticos bellacos.
Le contesto a Zalabardo que me cuesta creer que eso sea así y él me responde que yo soy muy inocente si pienso otra cosa diferente. Me razona, para afirmar su argumentación, que no hay más que ver como incluso en el habla se han introducido muletillas que no persiguen más que disimular que no estamos demasiado convencidos de lo que estamos diciendo. Es lo que ocurre con la coletilla de verdad que de un tiempo a esta parte se añade a cualquier afirmación que dirijamos a alguien. Así, una amiga le dice a otra: te veo más delgada, de verdad; o un amigo a otro: te deseo lo mejor, de verdad. ¿Es que si no añadimos ese apéndice a la frase estamos mintiendo? Lo que ocurre, dice Zalabardo, es que somos tan hipócritas que necesitamos apoyarnos en ese de verdad para que no se note tanto que queremos decir precisamente lo contrario de lo que decimos. Y cuando decimos a alguien gracias, de verdad, en realidad pensamos: anda y que te zurzan.
Algo semejante pasa estos días con las diferentes autoridades autonómicas y la necesidad de solucionar el problema que los inmigrantes ilegales están creando a las Islas Canarias. Hace años que todos firmaron, de verdad, un acuerdo para el reparto de los inmigrantes por todo el territorio del Estado confiando en que no llegase nunca el momento. Ahora que es preciso poner en práctica tal acuerdo, son muchos los que protestan de que a ellos se les envíen inmigrantes para paliar un poco la situación de las Canarias.
Lo peor de todo es que al tratarse de este problema se piensa en todo menos en los pobres inmigrantes que son quienes de verdad sufren. Y en este caso, ese de verdad no es ninguna muletilla.

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