lunes, diciembre 04, 2006

DE CANTES Y AGRADECIMIENTOS

He recibido un comentario de alguien que se firma Juan Garabato al que quiero contestar por la única razón de ser cortés con él. Me dice que no mencioné ni una sola vez a Zalabardo en el apunte centenario. Siento decir que no es así y el propio Zalabardo, que está ahora junto a mí, lo corrobora asintiendo con la cabeza. Cuando no lo mencioné fue en el siguiente. Esto no creo que sea como para cantar la gallina, es decir, lanzar el cacareo cobarde del gallo que se siente acorralado; pero tampoco es para cantar la palinodia, o sea, hacer la pública retractación y reconocimiento de los errores cometidos.
Se trataría más bien de, simplemente, cantar de plano ante el tribunal que forman los lectores y, en este caso concreto, el llamado Juan Garabato. Zalabardo es como una segunda piel, una sombra (benéfica) de la que no me puedo (ni me quiero) desprender. Él me cede su espacio en esta agenda y, en muchas ocasiones, me presta incluso la voz y se aviene a ser excusa para vencer mi natural timidez. Por eso, no debo olvidarlo nunca, aunque algún día lo haya hecho (por cierto, que él no se enfada). Lo contrario sería cantar mal y porfiar (lo que no es de aprobar). Y eso ya sería otro cantar.
Y ya que estamos de dichos y refranes, vamos con la otra parte. Mi agradecimiento hacia Zalabardo es, si no infinito, sí bastante ilimitado, porque ya se sabe que de bien nacidos es ser agradecidos y que lo olvidado, ni agradecido ni pagado. Todavía hay dos refranes más que vienen al caso: el que dice que el agradecido no olvida el bien recibido, y yo he recibido de Zalabardo mucho más de lo que parece, y, para terminar, que al agradecido, más de lo debido.
Me gustaría aprovechar esta ocasión para dos respuestas más, tras preguntarle a Zalabardo si lo cree conveniente o sería mejor callar. Hoy que Zalabardo está de buen ánimo me lo autoriza. Por un lado, a José Antonio le quiero decir que ESO y LOGSE, por el proceso de su formación, son siglas, aunque muchos los tratarían hoy como acrónimos.
Por otra parte, Lydia me decía que le gustaría que hiciese una aclaración al apunte de marras. Yo lo quería dejar ya descansar, pero, aunque sea por complacer a Lydia, vuelvo sobre él. Primero, para reiterar que yo no hablaba de unos equipos directivos concretos, sino de un artículo de un periódico que hablaba de esos cargos. Segundo, y esto es lo que quiere Lydia, que debo rectificar lo que dije acerca de quienes llevan el mantenimiento de las aulas TIC en nuestro centro, ya que, durante el verano, Eduardo tuvo que "tragarse" todo el proceso del cableado. Al César lo que es del César.
Hoy esta página me suena un poco a la lista de la compra que se hace para combatir el olvido. Otro día saldrá mejor la cosa.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Lleva razón, es en el número 101 de su agenda donde no cita a Zalabardo. Me ha parecido algo incomodado por mi comentario, no era mi intención en modo alguno. Verá, es que me siento algo identificado con Zalabardo, como si tuviéramos algo en común, no sé todavía como expresarlo ya que no conozco muchas cosas de él; sin embargo, noto que cuando lo cita a lo largo del texto, cuando hace refencia a él, encuentro más chispeante su agenda, más atractiva; da la impresión de que hay entre los dos una comunicación fraternal y entrañable poco habitual entre dos personas ¿No le parece? Por favor, no se incomode en aboluto con mis comentarios. Su agenda me parece preciosa y de gran valor.
Juan Garabato.