lunes, mayo 14, 2007

INCRÉDULOS

Hablo con Zalabardo de la actitud de algunas personas que, ante situaciones que a otros les pueden parecer muy claras, buscan ellos una explicación diferente con la que pretender convencernos de que son los otros los equivocados. Tenemos delante dos artículos recientes, ambos de escritores que, en principio, no parecen dudosos de nada y que incluso suelen ser leídos con respeto, y algunas veces con delectación, por lo cuidado de su estilo. Los artículos son Bestsellerizarse, de José Ángel Mañas, y El fin del mundo, más o menos, de Félix de Azúa.
El primero de ellos, haciendo un repaso de lo que hoy se lee y de lo que se puede encontrar en las librerías, llama catastrofistas a quienes piensan que, de alguna manera, está bajando el nivel cultural medio de la gente. Dice que eso es una especie que suele propalarse en todas las épocas y pone como prueba la figura de un profesor de la República que ya en el siglo XIX se quejaba de la decadencia de la educación española. Sin embargo, se pregunta a continuación qué pensaría este insigne maestro si conociera los discursos de nuestros políticos actuales.
Azúa, por su parte, denigra a quienes previenen contra el cambio climático y sus efectos y razona que no estamos sino en uno más de los ciclos que cada cierto intervalo de tiempo (más o menos extenso) tienen lugar y que, por tanto, no hay motivo para ninguna clase de pánico general ante lo que pueda acontecer. Acaba afirmando que habrá cambio como otras veces ha habido peste, tuberculosis o sífilis; pero que, aun en el peor de los casos, si hay hecatombe climática dejará con vida y buenas perspectivas a un número bastante repetable de habitantes del planeta.
Zalabardo, que hoy tiene más ganas de hablar que otros días, sostiene con una medio sonrisa irónica que es difícil rebatir los argumentos de Azúa por el simple hecho de que tendríamos que esperar a que se cumpla el cambio temido, que ni él ni nosotros veremos, para determinar quién tiene razón; en cualquier caso, me gustaría decirle -continúa- dos cosas: la primera, que a lo mejor ni él ni nadie tendría ya ocasión de decirle a la otra parte "¿Ves lo que te decía yo?" Y la segunda, que, dado que en nuestra mano está alcanzar unas mejores condiciones ambientales, ¿qué sentido tiene vivir en un mundo tan contaminado?
Pero del otro asunto, el de los niveles de cultura, sí podemos dar fe de que, frente a la opinión de Mañas, no resulta tan complicado hallar pruebas. Como esta de un texto aparecido en el ejemplar del diario SUR de ayer domingo; dice lo siguiente: ...se hizo pasar por una persona autorizada por la institución autonómica para estafar a una financiera con la venta de unos ordenadores... Afortunadamente, aunque algunos pensemos que no hace todas las cosas bien, la Junta de Andalucía, que sepamos, no autoriza a nadie para estafar ni a empresas ni a particulares. La confusión del texto se podría haber evitado con una redacción diferente. Por ejemplo: ...una persona estafa a una financiera al hacerse pasar por agente autorizado de la Junta para vender ordenadores con unas condiciones muy favorables... O alguna por el estilo, pues las redacciones posibles, y correctas, pueden ser varias. Solo falta pensar un poquito y elegir una de ellas.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Hablando de cambios, podríamos empezar por cambiar la hora, es decir, retroceder esas dos horas que, en relación al Sol, tiene de más nuestro reloj, de este modo hasta lograríamos levantarnos temprano y acostarnos sin trasnochar. Seguro que ahorraríamos electricidad y reduciríamos algo la contaminación.
Azúa se mete en harina de otro costal. ¿Quién es él para negar lo que parece evidente? El razonamiento de que la vida humana es muy corta para apreciar cambios en el planeta debería empezar por rechazar el cambio que se está dando (climático o cíclico) y que todos apreciamos y estimamos como una realidad palpable. Pero rechazar lo evidente es una contradicción, y como esto es reducción al absurdo, lo que hay que rechazar es la idea de que no hay cambio alguno. Luego, si aceptamos el cambio, ¿será, entonces, climático? Otros dicen "imposible, la actividad humana es rídícula frente a otras como la de los volcanes, que emiten muchísimo más CO2". Muy bien, lo que no se puede negar es que la suma de todas las contribuciones terminan logrando el efecto que padecemos.
Otro incrédulo.