viernes, enero 05, 2007

PALABRAS INOCENTES

Zalabardo suele contar con frecuencia la anécdota de un compañero que tuvo y que quiso alcanzar algún grado de notoriedad sin importar el medio. Eran los años de nuestra transición política, aquellos en los que partidos y sindicatos empezaban a asomar de nuevo las cabezas después de tantos años de oscuridad. Pues bien, dicho compañero de Zalabardo se fue a la sede del partido X en su pueblo y planteó la cuestión: "Oye, que a mí me gustaría alcanzar algún puesto que me librara de algunas horas de trabajo". Este hombre buscaba, ni más ni menos, que una sinecura, un 'empleo o cargo retribuido que da poco trabajo'. A su petición recibió la siguiente contestación: "Sí, pero para eso hay que ser del partido". Nuestro sujeto no se arredró: "No importa, apúntame ahora mismo". Nueva dificultad: "Bien, pero no es suficiente ser del partido; hay que tener antigüedad". Pero hay gente con recursos: "Tampoco importa; ¿cuánto vale la antigüedad, que yo ahora mismo la pago?" No respondo de la veracidad de tal historia, aunque Zalabardo jura y perjura que es cierta y que nos puede dar el nombre del sujeto.
A tales individuos los llamamos trepas. Palabra inocente si pensamos que viene del verbo trepar, que significa 'subir a un lugar alto sirviéndose de los pies y las manos'. Solo que hacemos un uso espurio de ella y ya vale también para 'elevarse en la escala social ambiciosamente y sin escrúpulos'. Ya lo he dicho otras veces, la lengua, las palabras, son inocentes. Somos nosotros quienes carecemos de tal inocencia. Véase que, para significar lo mismo, se suele decir, peyorativamente, que alguien vive de medrar, término que siempre ha designado el hecho de 'mejorar de fortuna, aumentanddo bienes o reputación'.
Como faltas de malicia son las palabras breva, enchufe o padrino. La breva, aparte de la fruta, ha pasado a señalar cualquier 'provecho logrado sin sacrificio'. El enchufe, además de significar la 'acción y efecto de unir o combinar una cosa con otra' lo empleamos para referirnos al 'cargo o destino que se obtiene sin méritos, por amistad o influencia política'. Lo que quería el amigo de Zalabardo, vaya. Y el padrino, que no es ni más ni menos 'quien vela por alguien y ocupa el lugar del padre' o 'quien asiste a otro en cualquier hecho o situación' acaba por significar 'quien usa su influencia para ayudar a alguien a conseguir algo anteponiéndolo, si es preciso, a cualquier otro aspirante a lo mismo'. No en otra dirección significativa se orienta el cínico refrán que afirma que quien no tiene padrino no se bautiza.
No sé si el compañero de Zalabardo alcanzó lo solicitado, pero con el arte con que planteaba sus pretensiones es seguro que no tardaría en conseguir algún momio, 'algo que se obtiene con independencia de lo que legítimamente corresponda'. Lo que sí evidencia la anécdota es que el arribismo no es asunto de ahora, sino que es una lacra que ha existido siempre.

2 comentarios:

El pastorcillo Mesanio dijo...

Estimado señor Anastasio:
He tenido la oportunidad de leer sus estupendos artículos en La agenda de Zalabardo y deseo expresarle mis más sinceras felicitaciones por la maravillosa labor que está realizando, así como -y ya aprovecho- por este nuevo año que comienza. Y usted dirá: "¿Quién es este dichoso pastorcillo que se atreve a colarse en mi agenda?
Pues sepa vuestra merced que a mí me llaman el pastorcillo Mesanio, que fui nacido (ya que no nací, sino que me nacieron) en Tolox, pueblecito que ya sé que conoce, que realizo estudios de Filología Hispánica por la UNED (atención, siglas), y que tengo por primo (entiéndaseme bien, que ya se sabe que las palabras son inocentes) a un buen compañero suyo, profesor de Lengua y Literatura en su Instituto, que por cierto también lo estima mucho y siente gran admiración por su trabajo.
Precisamente, fue mi querido primo quien, conociendo mis ínfulas de escritor y tachándome a menudo de bocazas, me habló de esta agenda y me recomendó encarecidamente su lectura, para que me diera cuenta de dos hechos que, para él, son muy convenientes en esta vida: escribir de forma clara, sencilla y correcta, teniendo cuidado de que los vocablos signifiquen bien lo que se quiere decir (como bien decía Juan de Valdés); segundo, expresar las ideas de forma ordenada, evitando los pensamientos más extremos, y buscar el justo medio, haciendo gala de grandes dosis de prudencia. Y, como casi siempre, mi primo tenía razón. Digo esto porque estas Navidades he tenido la feliz idea de estrenar mi primer ordenador personal (y subrayo lo de personal, adjetivo que no está ahí por casualidad) leyendo La agenda de Zalabardo, donde he encontrado pequeñas fuentes de sabiduría y gracejo, en las que a la finura y pulcritud de su lenguaje se une la agudeza y prudencia de sus razonamientos.
Sin ánimo de halagar de forma gratuita, debo decir que un buen puñado de estos artículos -y, que conste, los he leído todos en estas vacaciones- no tienen nada que envidiar a los de mi admirado Manuel Vicent. Me gustaría destacar los que más me han gustado, bien porque han llegado verdaderamente a emocionarme, bien porque me han hecho reír y pasar un rato agradable, bien porque no puedo estar más de acuerdo con las ideas defendidas en ellos -ya habrá tiempo de disentir-. Así, cito los titulados, cuya lectura recomiendo entre otros muchos: CIUTADANS! (2 de noviembre), ¡QUE VUELVA LA CODORNIZ! (15 de noviembre), COMPAÑEROS (25 de noviembre), CENTENARIO (1 de diciembre) y CHILE EN EL CORAZÓN (11 de diciembre).
Y como ya estoy pecando de prolijo y no me gusta ser pesado, amén de que "lo bueno, si breve..." ya se sabe, me despido con un cordial saludo, insuflándole ánimos para que continúe con tan meritoria labor.

Un humilde servidor.

PD: Dios mío, se me olvidaba mi primera intención, pero seré breve. El artículo de antier, titulado Hotel Kafka, terminaba afirmando que le gustaría saber escribir como Torrente o como Valle. Yo, sin duda, desearía hacerlo como Cervantes o como García Márquez. La razón se encuentra en las palabras que ya citó usted mismo del Diálogo de la lengua de Juan de Valdés: "y dígolo cuanto más llanamente me es posible, porque a mi parecer en ninguna lengua está bien la afectación". Vale.

Carlos dijo...

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