jueves, noviembre 30, 2006

¿LO QUE NO SE PUEDE DECIR NO SE DEBE DECIR?

El título, vaya por delante, no es mío, puesto que ya lo utilizó Larra (sin las interrogaciones) en un artículo de 1834. Pero es que pensando sobre qué escribir hoy se me fundían las bombillas ante el raro suceso de esta mañana. En la sala de profesores del instituto aparecieron, sujetos con una chincheta, sin que nadie sepa cuándo ni cómo llegaron allí, los dos últimos últimos comentarios de esta agenda, el primero de ellos, Híbridos, mutilado. Las primeras personas en llegar fuimos Aurora y, tras ella, yo. Y ninguno de los dos hemos sido los autores de tal difusión. Se desconoce, pues, autor, hora y motivo o intención.
Nunca imaginé que una página de este cuaderno iba a ser tan leída. Algunos, entre ellos José Luis, han dicho que los escritos eran sibilinamente provocadores. Yo no creo que sea así y no entraba en mis cálculos aclarar nada. Lo que he escrito, escrito está y yo sé lo que he dicho y por qué. Las interpretaciones que de ellas se hagan no son problema mío. De todas formas, lo que a mí me ha molestado de esa anónima difusión ha sido la mutilación de una de las notas, porque eso sí da pie a erróneas interpretaciones.
Vamos con Híbridos. Yo decía que, después de un claustro, había llegado a casa con sensación de malestar por cómo aquel se había desarrollado. Buscaba una carta de Unamuno en la que el que fue rector de Salamanca comentaba una palabra de la que yo pensaba hablar (el verbo adolecer) a raíz de su empleo en la información sobre la inauguración de la nueva estación. No encontré el libro y, en ese proceso de búsqueda, cayó en mis manos el de Cela, con la nota manuscrita de los Proverbios. Y me pregunté irónicamente en qué estaría yo pensando cuando escribí aquello, porque toda la novela es de un pesimismo atroz. Y no hay más. Luego, me extendí con motu proprio y grosso modo y no comenté nada de adolecer, pues había llenado ya el espacio que me suelo conceder en estas notas.
Sigamos con Directores. Casualmente al día siguiente del claustro, La Opinión de Málaga publicaba un reportaje sobre la situación de los directores (y resto de cargos directivos) de los centros escolares. Y me molestó que se hablase de ellos en la forma en que se hacía, como si lo que se les atribuía no pudiese ser aplicable al resto de los profesores. Porque, no lo olvidemos, el que es director lo es por voluntad propia (y voluntad muy respetable) y en cualquier momento puede dejarlo (siendo igual de respetable si no lo deja). Y cuando me puse a escribir esa tarde, me pareció ser un buen tema, aunque no tratase cuestiones referidas al lenguaje, objetivo prioritario de este cuaderno. Y eso no es la primera vez que lo hago. Y punto. A lo que se ve, tampoco hoy podré hacerlo.
Solamente quiero añadir alguna apostilla. Yo había pensado, en principio, titular este comentario La m con la a, ma. Pero me pareció que podía ser echar leña al fuego y preferí el solapado plagio. De todas formas, ha de quedar meridianamente claro que siempre defenderé aquel principio que dice: No estoy de acuerdo con tus ideas, pero daría la vida porque siempre puedas expresarlas libremente. O aquel otro que añade: Las ideas son para debatirlas, no para imponerlas. O, para terminar, aquel otro que concluye: Sé repetuoso con las personas, aunque fustigues sus ideas.
Yo no pienso colgar esta nota de ningún lado, pero si alguien lo hace, no me molestará, como no me ha molestado que lo hayan hecho hoy. Y si alguno se toma la molestia de comparar, podrá ver que he llegado al límite, grosso modo, de la extensión que suelen tener estos comentarios. Y, como me dice Zalabardo, que ha estado vigilando lo que escribo por encima de mi hombro, bueno está lo bueno y tengamos la fiesta en paz.

1 comentario:

Rocío dijo...

Me alegra leer eso de "tengamos la fiesta en paz", porque aquí todos estamos en el mismo barco y hemos de tratar de mantenerlo a flote. Dejemos los "verdes" y los "moraos" y los "blancos" y "blaugranas" para los opios del pueblo.
(Por cierto, Rocío aparece con minúscula por algún error de configuración de la página, porque puedo prometer y prometo que una servidora lo escribe con mayúscula).